viernes, 18 de septiembre de 2009

Homenaje a García Ferré y regreso de Petete


García Ferré declarado ciudadano ilustre, con Diego Santilli, vicepresidente primero de la Legislatura porteña. Fotos: Andres Perez Moreno / gentileza Legislatura

El 3 de noviembre estará a la venta El Libro Gordo de Petete, un libro que forma parte de la memoria colectiva de cuatro generaciones de argentinos, aunque, en verdad, nunca existió. Durante las décadas del ´70 y ´80, el personaje creado por el dibujante e historietista Manuel García Ferré protagonizó una serie de cortos televisivos, emitidos en Latinoamérica y España, que luego dieron lugar a fascículos coleccionables, pero nunca se publicaron en formato libro.
A partir de octubre próximo, Crónica TV volverá a transmitir estos cortos en una decisión que, junto al relanzamiento de la colección completa de Las aventuras de Hijitus en formato DVD, marca el regreso de personajes que han logrado trascender las épocas, dejando una huella en la infancia de los abuelos y padres de los chicos de hoy.
Gracias a temas universales que están siempre vigentes, adaptados a los intereses de los chicos actuales, El Libro Gordo de Petete es una “enciclopedia” temática ilustrada que no sólo aporta conocimientos, sino también diversión. El entrañable personaje comparte saberes de manera clara y entretenida, basándose en la premisa de que “una sólida cultura, es la herencia más segura”.
García Ferré, creador de Anteojito, Trapito, Calculín y Larguirucho, entre otros personajes, firmó un contrato con V&R Editoras para la publicación de una serie de libros de su autoría. En agosto último la editorial lanzó el libro de juegos y entretenimientos Hijitus y sus amiguitus, con más de 50 juegos y pasatiempos para chicas y chicos.
Por otro lado, hoy, 22 de septiembre, García Ferré fue declarado Ciudadano Ilustre por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El homenaje se realizó, a las 11, en el Salón Dorado de la Legislatura (Perú 130), donde el historietista dio una charla junto al periodista Horacio de Dios. A su vez, en el evento se realizó una breve proyección cinematográfica y una muestra con algunas de las producciones originales del dibujante.
La cantidad de personas presentes obligaron a que las puertas permanecieran abiertas para que quienes no consiguieron ingresar al salón siguieran la ceremonia desde el hall. Durante el homenaje se proyectó un video sobre la trayectoria del creador de personajes como hijitus, Larguirucho, Petete, Anteojito, Trapito y Calculín.


“Me rechazaron en un trabajo por decir que soñaba despierto: en ese momento sentí un fracaso, pero después me di cuenta que es tan lindo tener ilusiones”, sostuvo el creador de dibujos animados emblemáticos frente a una multitudinaria audiencia.
La distinción al padre de Hijitus, Larguirucho, Petete, Anteojito, Trapito, Pi-Pío, Calculín y tantos otros queridos personajes contó con una breve proyección sobre su trayectoria en la que aparecieron los jingles, historietas y dibujitos que marcaron hitos en la cinematografía argentina. El homenaje contó con un acto de apertura a cargo del autor del proyecto de declaración, Ingaramo, acompañado por el vicepresidente 1º de la Legislatura porteña, Diego Santilli y la titular de la Comisión de Cultura, Inés Urdapilleta.
“Le debemos a García Ferré nuestras primeras gotas de adrenalina, ya que sus creaciones han sido una pieza clave de la felicidad en nuestra infancia”, sostuvo Ingaramo frente a uno de los argumentos que motivó la distinción. “Cada uno de sus dibujos ha cambiado la historia de millones de argentinos, es por esto que debemos honrarlo”, señaló el autor del proyecto de declaración.
“Ojalá podamos recuperar los valores que transmiten sus dibujitos”, apuntó Santilli. En su discurso Urdapilleta hizo referencia a los aportes invaluables de García Ferré: “El lugar donde tenemos nuestros afectos es la Patria, que es más que un país o una nación, y está constituida, en parte, por estos dibujitos”, explicó la titular de la Comisión de Cultura.
A continuación el artista plástico Diego Amerise le obsequió un retrato hecho para la ocasión. El acto siguió con una conversación entre el dibujante, cineasta y editor junto al periodista Horacio de Dios.“García Ferré es un vivo ejemplo de que no dejamos de jugar cuando envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar”, sostuvo de Dios frente a lo que el homenajeado agregó: “La pérdida de la capacidad de asombro, de tener nuevas ilusiones es lo que nos mata mental y espiritualmente”.
“García Ferré forma parte del patrimonio intangible de la Ciudad de Buenos Aires que se transmite de persona a persona, de ilusión a ilusión”, resumió de Dios. García Ferré concluyó el acto con un mensaje esperanzador: “Cuando parece que el mundo se cierra en realidad se está abriendo: no olviden que tener sentido del humor y de la tragedia nos ayuda a vivir”.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Walt Disney en la Argentina


Walt Disney aprendiendo técnicas del gaucho y danzas folklóricas en Argentina

En los Estados Unidos se estrenó Walt y El grupo

Por Pablo Gorlero*
* Fuentes: cables de AP, los libros The Walt Disney Biography, de Bob Thomas; y The Art of Walt Disney, de Christopher Finch.

La política, el cine y el folklore latinoamericano convergen en el documental Walt & El grupo, que resalta los viajes que Walt Disney realizó en 1941 por países como Argentina, Brasil y Chile como enviado del entonces presidente Franklin D. Roosevelt. El creador de tan populares personajes como Mickey, Minnie, Donald y Pluto, junto a su esposa Lillian y a dieciséis de sus trabajadores más cercanos viajaron por América latina en una misión diplomática de facto de la Política del Buen Vecino (o Tour de Buena Voluntad) del, por aquél entonces, presidente norteamericano.
Huelga de animadores en los estudios Disney, en Burbank, California
Dirigida por Theo Thomas, Walt & El Grupo se estrenó el miércoles pasado en Anaheim, California, donde queda Disneylandia; y desde el viernes se proyecta en algunos selectos cines Los Angeles, Nueva York, Seattle, Washington, San Francisco y Orlando. La producción, de casi dos horas, incluye entrevistas con historiadores, periodistas y familiares de personas con las que Disney tuvo contacto. A su vez, expone los apuntes, investigación y dibujos del primer viaje de diez semanas, del que nació la película Saludos amigos, de 1942. Posteriormente, de otro viaje de dos semanas por México salió Los tres caballeros, de 1944. Eran dos películas constituidas por varios cortometrajes ambientados en distintos países o regiones de América latina. En la primera, el país estaba representado en El gaucho Goofy, en el que Goofy (o Tribilín) aprendía las artes de los "vaqueros" sudamericanos; y en Pedro, el avioncito, en el que un pequeño avión debe llevar correo de Mendoza a Chile, atravesando Los Andes. En la segunda película, El gauchito volador era la historia de un argentinito que tenía un burro volador.

El gaucho Goofy

Pedro, el avioncito

No fue la primera vez que Walt Disney trabajaba para la "causa norteamericana". En 1941-42 realizó una serie de cortos animados con sus personajes principales en los que destacaba la presencia estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Un proyecto más ambicioso fue el llamado Victory Through Air Force, un largometraje que presentaba nada menos que las teorías estratégicas sobre bombardeos del mayor Alexander de Seversky. Otros cortos producidos por Disney en el período de guerra fueron Private Pluto, Commando Duck y Victory Vehicles, con Pluto, el pato Donald y Goofy.
Victory Vehicles (izquierda); y Der Fuehrer's Face (izquierda)
El más famoso de todos ellos fue Der Fuehrer's Face, en el que Donald sueña que está en la Alemana nazi, trabajando en una fábrica de municiones y es forzado permanentemente a saludar a Hitler. Se despierta de la pesadilla y ve una sombra con el brazo levantado, y de inmediato, grita "¡Heil!", pero se da cuenta que la sombra proviene de una pequeña Estatua de la Libertad que tiene en la ventana. Salta de la cama, vestido en su pijama rojo, blanco y azul, besa la estatua y exclama: "¡Oh, Boy! Estoy orgulloso de ser un ciudadano de los Estados Unidos de América". Al final de la película, aparece una caricatura de Hitler, que recibe un tomatazo.

Dos escenas de Der Fuehrer's Face

Pero tal vez el mayor film propagandístico de Disney haya sido Education for Death, que intentaba mostrar cómo la juventud alemana era educada y disciplinada en la maquinaria militar y el autoritarismo. Una gran parte de estos trabajos ha sido destruido.
Escenas de Education for Death
Saludos amigos y Los tres caballeros fueron dos de los estrenos más importantes del período y fueron productos indirectos de la guerra. Durante ese período los productos de Hollywood, fuera de los Estados Unidos, sólo tenían cabida en el Reino Unido y algunos pequeños países neutrales. Por eso, el Departamento de Estado, estaba ansioso por expandir esa marca y puso la mira en América latina para demostrar allí el lado artístico de la cultura estadounidense. La estrella brasileña Carmen Miranda brillaba en aquél período y se creía que era un buen vehículo de penetración en esa rica y prometedora región.
En 1941, Nelson Rockefeller, coordinador de los lazos entre los gobiernos latinoamericanos y el Departamento de Estado, invitó a Walt Disney a hacer un viaje amigable a la Argentina, Brasil, Perú y Chile. Al creador no le interesó ser un simple diplomático, sino que pidió que se le financie un gran proyecto cinematográfico. El Departamento de Estado estuvo de acuerdo y pagó 50.000 dólares por cada uno de los cortos que constituirían Saludos amigos. "Me voy a sentir mejor si voy a hacer algo, en vez de ir sólo a estrechar manos", dijo Walt.
Pero se ha descubierto que la principal razón por la cual esa comitiva artística y "diplomática" era enviada a Sudamérica era para frenar un posible avance del nazismo en la región. El grupo de Walt Disney tenía como finalidad afianzar los dibujos animados norteamericanos y su cultura, por temor a que los refugiados nazis y la avanzada facista en Sudamérica, a partir de los múltiples refugiados alemanes e italianos, siembren sus doctrinas. La expansión de esas ideologías autoritarias en Occidente eran una gran preocupación para los Estados Unidos en aquel entonces. Lo que no se entiende muy bien es cómo, a partir de dibujos animados, pensaban frenarla. Pero bueno, habrá que ver el documental.
Si bien los viajes de Disney fueron esfuerzos políticos de Roosevelt para conseguir aliados en el marco de la Segunda Guerra Mundial, también permitieron que el director y empresario plasmara la cultura y el folklore latinoamericano en las dos películas animadas.
El periplo
Disney, su esposa y el grupo de artistas de su estudio (fueron 17 en total) hicieron el viaje y volvieron con un enorme bagaje de ideas. Fueron producidos cuatro cortos, unidos por un documental sobre el viaje realizado por la región. Fue un viaje duro. Desde Los Angeles hicieron un vuelo de veinticuatro horas a Miami. Luego, desde ahí, partieron rumbo a una isla británica del Caribe y, después, a Belém, Brasil, en pleno Amazonas. Allí, el grupo visitó el zoológico y permaneció una noche. Luego, volaron a Río de Janeiro, donde comenzaría el trabajo. Apenas llegó, Walt Disney le aclaró al embajador que él y su gente estaban en Brasil para trabajar y que esperaba que los eventos sociales no ocupen toda su agenda.
En Brasil, Disney habló con el creador de Aquarela do Brasil, Ary Barroso, y fue recibido por el presidente Getulio Vargas, en una suntuosa cena. Ese día fue completo: visitas a granjas, zoológicos, escuelas, galerías de arte y hasta playas, para absorber el color y las costumbres del lugar. También los llevaron a club nocturnos y festivales para que puedan embeberse de la danza y la música brasileñas.
Luego de tres semanas, la comitiva se trasladó a Buenos Aires, donde se alojaron en el hotel Alvear Palace, donde las autoridades les montaron un estudio en miniatura, en el "roof garden". Tanto en Brasil como en Argentina, Mickey, Donald y Pluto eran inmensamente populares, por lo tanto la comitiva siempre era seguida por una multitud de admiradores. Disney bailó chacareras con miembros del grupo de danza del patriarca del folklore argentino, Andrés Chazarreta, en la terraza del hotel porteño y comió asado en una estancia de las afueras de la capital, donde se vistió de gaucho. El Grupo estuvo un mes en Buenos Aires y voló rumbo a Mendoza. Luego todos partieron a Santiago de Chile, donde estuvieron una semana. La mayoría, Disney incluido, regresó a los Estados Unidos, pero algunos de ellos continuaron viaje a Bolivia, Perú, Guatemala y México.
Todo eso puede verse en este documental que, por ahora, no tiene fecha de estreno en esta región. Aunque durante ese tiempo también hubo otros "emisarios culturales" que viajaron a América latina a pedido del gobierno estadounidense, como los actores Errol Flynn y Douglas Fairbanks Jr., la cantante de ópera Grace Moore, el director de orquesta Leopold Stokowski (también muy cercano a Disney, y colaborador suyo en la película Fantasía) y el cineasta Orson Welles. Disney resalta "por su preparación previa a los viajes y por mostrar un interés genuino hacia ellos'', dijo el director del documental, Theo Thomas.
El documental cuenta que, durante su visita a una escuela en la provincia argentina de Mendoza, Disney entró haciendo la vertical a un auditorio repleto de estudiantes que esperaba a un "invitado muy especial'' cuya identidad desconocían, dijo Thomas. "Él luego se paró y los saludó, para sorpresa de todos'', relató el director, cuyo documental integra de manera dinámica fotografías, video y animación, tanto a color como en blanco y negro.

Bienvenida a Walt Disney, en Río de Janeiro (derecha). Los animadores Billy Tytla (derecha) y Fred Moore (izquierda), junto a José Oliveira, la voz de José Carioca (izquierda).

El grupo
Como en Río de Janeiro, los empleados del hotel llamaban a la comitiva "Disney y el grupo", el documentalista tomó esa anécdota como título.
Por otra parte, el viaje de Disney fue en el preciso momento en el que sus estudios se veían sacudidos por una de las más potentes huelgas de la historia sindical de Hollywood que recién se solucionó al regreso de "El Grupo", pero con el despido de cientos de trabajadores. Muchos de ellos eran viejos amigos de Disney y empleados desde que los estudios eran sólo un galpón. Eso hizo que, de inmediato, su nombre sea tildado de conservador y anticomunista. El bar de los estudios ya casi no pudo funcionar debido a que los empleados que quedaban se volvían a sus hogares apenas terminaban su jornada laboral. A pesar del éxito de sus películas, Walt Disney tuvo que afrontar graves problemas financieros en más de una oportunidad.
Se dice que el creador de Mickey pensó seriamente en tener su propio estudio de producción en Argentina, pero la huelga ya parecía resolverse cuando aún estaban en América del Sur. Por ese entonces la empresa trabajaba en Pinocho y Fantasía, y Disney acudió al estreno de la segunda en Montevideo.
Saludos amigos estaba integrada por Lago Titicaca, que ilustraba las aventuras de Donald en Perú; Aquarela do Brasil, con José Carioca y Donald bailando en las playas de Copacabana; y las mencionadas Pedro, el avioncito y El gaucho Goofy. Fue estrenada en 1943 y recibió tres nominaciones al Oscar.
De todos modos, cabe aclarar que el documental que se estrenó en estos días no incluye los pormenores de la realización de Los tres caballeros, película con la que se pretendía hablar de la hermandad americana a través de sus tres protagonistas: el pato Donald (representando a los Estados Unidos), José Carioca (Brasil) y Panchito (México). Fue una secuela de la anterior y combinaba actores con animación. También se presentaban los cortos animados Pablo, el pingüino friolento; y El Gauchito volador.
Un tercer filme se comenzó a hacer pero no se terminó, pues la guerra acabó y el banco no quiso prestar dinero a Disney para una producción con temática latinoamericana.
Habrá que ver el documental y sacar conclusiones.
Dos imágenes de la película Saludos amigos

Podés ver el trailer del documental en: http://www.youtube.com/watch?v=QF_O_EH_IL8

lunes, 24 de agosto de 2009

Una conversación con Thomas Meehan


Pablo Gorlero y Thomas Meehan (Foto de Juan Sandoval)

(Este es el reportaje completo de la nota realizada para el diario La Nación, publicada el 27 de septiembre de 2009.)

THOMAS MEEHAN, autor del libro de comedias musicales como Annie, Annie Warbucks, Hairspray, Los productores, Bombay Dreams, Cry Baby y El joven Frankenstein.

Por Pablo Gorlero
Con la colaboración de Laura Ventura


—¿Disfrutó de la producción argentina de El joven Frankenstein?
-Sí, creo que es maravillosa, muy divertida y entretenida. Pero es distinta a la de Nueva York. Esta tiene más corazón y es más emotiva. Incluso la encontré más dulce. Creo que eso se debe a los actores. Todas las actuaciones están muy bien. Y también tiene que ver con el protagonista, que es fantástico. Es diferente, pero es mejor, en cierto sentido. Prefiero ésta versión. Ahora me vuelvo a Nueva York porque vamos a comenzar la gira nacional y le voy a contar a Mel Brooks y a nuestros directores sobre lo que vi en Buenos Aires. Les voy a sugerir que hagan ciertos ajustes que puedan ayudar a la puesta de allá, de acuerdo a ésta.
— ¿Cree que Mel Brooks pueda venir a verla?
-Desde que su esposa, Anne Bancroft, murió, hace cuatro años, un 6 de junio, él no viaja demasiado. Vive en Santa Mónica, California, y le gusta quedarse allí. Ahora viaja la semana próxima por un par de semanas a Nueva York, pero no lo hace seguido. Va a cumplir 83 años.
— ¿Cuáles eran sus expectativas antes de llegar a la Argentina?
-Había escuchado que habían hecho Los productores, que también escribimos con Mel.
—¿La vio?
-No. Cuando la estaban montando aquí, estaba haciendo Hairspray, así que no pude viajar. Pero leí y escuché que fue un gran suceso y que fue una producción brillante. Por lo tanto, era optimista y estaba esperanzado, pero esto superó mis expectativas. Además me entusiasmaba venir a Buenos Aires.
- ¿Había estado aquí antes?
-Nunca. Y sólo estaré una semana. Es una ciudad maravillosa y todos han sido aquí tan amables conmigo. Estoy tan contento por haber venido.
-¿Sabía que en esta ciudad hubo cuatro producciones suyas? Annie, Hairspray, Los productores y El joven Frankenstein.
-Sí. Y ahora me enteré que existen ciertas negociaciones para traer a Annie nuevamente. Annie es mi primera obra, así que es mi favorita. Esa niñita me ayudó mucho en la vida.
—¿Cómo aparece la idea de hacer Annie? ¿A partir de la historieta?
-Yo era un periodista por aquel entonces, antes de ingresar en el teatro. Y escribía historietas en el New Yorker Magazine. Algunas personas que me leían me preguntaron si me gustaría, alguna vez, empezar a trabajar en teatro. “Sí, claro. Toda mi vida lo quise”, dije. Tenía 40 años y eso sería como empezar una segunda carrera. El director (Martin Charnin) tuvo la idea de Annie, que era una historieta famosa en los Estados Unidos. Y le dije que no quería hacerla. Quería algo más importante, como Amor sin barreras o Mi bella dama. (Ríe) Me dijo que lo pensara. Me volví a casa, leí la historieta y vi que no había un gran material como para desarrollar: los personajes eran el tipo más rico del mundo, la chica más pobre y un perro. "Déjenme ver qué puedo hacer", les dije. Mi escritor favorito es Charles Dickens, sobre todo me gustaba su novela Oliver Twist, sobre huérfanos y niños. Construí una historia como si fuese un Dickens moderno. No la escribí originariamente para chicos, porque había allí algo más: una trama política muy importante. Estaban Franklin D. Roosevelt y el "The New Deal", en el año 1933. Combinamos todo eso y creamos Annie. Cuando estrenamos no vino ningún chico. Y fue un gran suceso en Nueva York.
—¿Fue en 1977, verdad?
-Sí, estrenamos el 21 de abril de 1977. Nunca me olvidaré de esa fecha que cambió mi vida. Al principio el público estaba compuesto por adultos. Y les encantaba. Aunque, gradualmente, empezaron a venir niños. Eran los adultos que venían a verla de nuevo con sus hijos. Y se hizo muy popular. Se hicieron dos películas y ahora se habla de una tercera. Hay una gira nacional en los Estados Unidos actualmente.
-¿Le gustaba el teatro musical antes de Annie?
-Me gustaba, pero nunca había hecho teatro. Y una de las razones por las que hice esa obra fue porque el director era amigo del compositor Charles Strouse, que ya era muy prestigioso en Broadway. Pensé: “Sí él quiere hacerlo, yo también quiero”. Tuvimos mucho éxito y nos hicimos muy amigos. Aún lo somos.
—¿No es ingrato el trabajo del libretista de un musical? La gente recuerda las canciones, pero lo más importante es el libro, una buena historia...
-Sin embargo, yo siempre digo que lo más importante son las canciones. La gente viene a ver un musical. El libro debe sustentar eso. Debe ser una buena historia e interesante, pero estamos en un segundo plano. Creo que lo más importante son las partituras. Y cuando escribo alguna escena y me dicen si con aquel material pueden hacer una canción, les digo: “Sí, claro”. Es muy inteligente eso. Cuando trabajás en un musical hay mucha gente que colabora entre sí: el director, los coreógrafos, los actores... Y eso es fundamental.
-¿Y usted trabaja por separado o con todos?
-Cuando hice Annie, trabajábamos los tres juntos, con Charles Strouse y Martin Charnin. En Los productores y El joven Frankenstein trabajamos con Mel Brooks, los dos juntos. Y hablábamos mucho, porque Mel ganó el Oscar como guionista de Los productores, pero en realidad, nunca escribe. Lo suyo es hablar. Y yo escribía. Nos juntábamos y decíamos qué era y qué no era gracioso. Con Mel Brooks, todo es hablado. Trabajamos con una secretaria que anotaba todo, durante tres o cuatro horas. Después volvía a mi computadora y escribía.
—Su tarea más importante es la de encontrar el momento indicado para la canción. No es fácil.
-Es verdad. Es más difícil de lo que parece. Uno tiene que escribir para escenas, para momentos con distintas emociones, y esa emoción que explota es tan fuerte que se tiene que fusionar en una canción. Pero de modo tal que la canción fluya naturalmente con el diálogo y no que el espectador diga: “¡Uh, ahora se viene el tema musical!”. Antes, no había demasiado guión en los musicales, como en la época de George Gershwin por ejemplo. Ahora la canción tiene que lograr que progrese la trama. Hoy en día son pocas las canciones que uno pueda arrojar y que no colaboren con la historia, quizás una o dos por musical y tienen que ver con las partes de baile.
—Entonces el libretista es el más humilde de los creadores.
-Sí, pero si tenés éxito, te pagan bien (risas). Considero a mi trabajo como el de un artesano. Y no muchas personas lo pueden hacer.
—¿Por qué esperó treinta años para hacer otro musical?
-No lo sé. Escribí un par de películas con Mel Brooks y otras más. Y también algunos musicales que no tuvieron mucho éxito. Ahora estoy escribiendo un guión con el creador de Nine, Maury Yeston: The Death takes Holidays (La muerte se toma vacaciones). Él escribió una partitura muy bella y se va a estrenar el año próximo, en una gira.
—¿Y quedó conforme con Annie Warbucks, la segunda parte de Annie?
-Esa es una historia larga. El problema es que se hizo en un teatro muy pequeño, muy bello, pero muy pequeño. La habíamos reescrito completamente e hicimos una gira por todos lados. Tuvo éxito en Seattle, en San Diego y quisimos hacer una producción en Broadway, en el Neil Simon Theatre, pero la productora se quedó sin dinero.
—Usted que ha escrito Hairspray y Los productores, ¿se imagina escribir sin humor?
-Sí, esta obra de la que te hablaba: The Death… Es lo más oscuro que jamás haya escrito. La trama es sobre un grupo de gente en el Lago Como. Hay una chica muy bella, de 21 años, que se está por morir. La muerte la ve y no se la puede llevar. Ella está tan llena de vida... Entonces la muerte toma forma humana. Y además pasa el fin de semana intentando comprender por qué los humanos le temen a la muerte y qué es eso llamado amor. Toma la forma de un conde ruso que se murió en Montecarlo y se enamora de la chica. Sólo tienen hasta la noche del domingo y la pregunta es qué sucede... si él vivirá con ella o si se la llevará. Y aunque la obra es sobre la muerte, la canción más importante, en la mitad del primer acto, se llama "Life is a Joy". Es una celebración de la vida. Está escrita por Maury. No hay mucho humor, pero lo hay. Fue un privilegio trabajar con él.

Versión de Hairspray, en el Pantages Theatre, de Los Angeles.

—¿Cuál es su obra preferida?
-Amo a todas, como a mis hijos. Pero creo que es Annie. Es mi hija favorita.
—Encima trabajó con chicos y con perros. Dicen en teatro que no hay que hacerlo. ¡Y trabajó con muchos chicos!
-(Ríe). La primera actriz con la que trabajé, Dorothy Loudon, quien encarnó a la señorita Hannigan y ganó el Tony odiaba a los perros y no le gustaban los chicos.
—¿Cuando escribió Annie se inspiró en algún chico en particular?
-Me acordaba de mí mismo cuando era pequeño. Éramos cuatro hermanos y yo era el más grande. Era todo menos huérfano. Tenía una familia muy amorosa. Y me acordaba de los días de lluvia en los que estábamos todos en casa y mi mamá nos gritaba. Me parecía que era interesante crear personajes reales de niños, no como Shirley Temple. Me parece que ese toque de esclavitud lo hacía interesante. Estoy muy orgulloso de Annie porque creo que en muchos países debe haber sido la primera obra que han hecho muchos artistas que hoy siguen actuando y que muchos adultos vieron.
—Vi el documental Life after tomorrow, que cuenta lo que ocurrió con las pequeñas actrices que encarnaron a las nenas... Es tremendo.
-¡Ah, lo viste!
—Nuestra Annie, Noelia Noto, ahora está actuando en España y acaba de ganar un premio muy importante.
-¡Qué bien!
—Y también Eleonora Wexler, que hacía Tessie, es muy talentosa. El año pasado hizo Quién le teme a Virginia Woolf y es famosa por la televisión.
-¡Oh, mi Dios! Qué bien.
—¿Le gustó la primera versión de la película? Era medio fea.
-Mnnn... no mucho. Creo que se perdió el espíritu, su alma. Annie transcurre en diciembre, al menos hasta Navidad. Y los niños están esperando esa fecha porque es cuando tus sueños se convierten en realidad. La película transcurre en marzo, en verano, y se pierde ese espíritu, la emoción. En la obra hay siete niñas y transcurre en un lugar muy oscuro. En la película hay como cien. Y están todas muy felices y bailando. Eso distorsiona mucho.
—¿Y qué le pareció la segunda, producida por Disney?
-Esa versión fue hecha para televisión. Es mejor. Es más verdadera. Hay cosas que no me gustan, de todos modos.
—¿Cómo fue trabajar con Mel Brooks? Es una estrella… Se me ocurre que puede ser muy difícil decirle “estás cometiendo un error”.
-Nooooo... A él le encanta. Le puedo decir de todo. Él quizá piensa mucho los chistes. Nos conocemos mucho, además hemos hecho dos películas. Ya conozco su humor, sus bromas y él reconoce “este es tu chiste”. Lo que sí te puedo decir es que a Mel no le gusta trabajar muchas horas. Creo que dos o tres horas por día es su límite. Y lo hablamos. Con Mel Brooks te vas a reír mucho trabajando. Me acuerdo que cuando escribíamos Los productores nos moríamos de risa. Íbamos a almorzar y, luego, recién escribíamos. Debe ser uno de los cuatro o cinco genios que conocí en mi vida. Sabe mucho de lo que piensa el otro. Te sabe leer la mente. Es como un doctor. Sabe de todo. Y sólo fue un año a la facultad, cuando estaba en el Ejército. No tiene una educación formal, pero es autodidacta. Ha leído novelas rusas y de todo.
—¿Usted disfruta sus obras cuando las ve?
-Cuando están bien hechas, sí. Ahora están Los productores, en Berlín; Hairspray, en Londres; y El joven Frankenstein, en Buenos Aires.
—¿Vio Los productores en Berlín? Un lugar especial para representarla.
-Sí, hace un mes. Me gustó. Nos tiraron cosas (risas). Mel no fue porque temió que lo embocaran.
—Vi una foto en la que promocionaban la obra con pretzels en lugar de esvásticas...
-Sí, hay una ley en Alemania que dice que no podés mostrar la esvástica. Salvo en películas o en obras. Así que fue una buena idea. En especial cuando hacés el número “Spring Time Hitler”. Pero el público se reía y creo que es el aplauso más fuerte que he recibido en cualquiera de mis producciones.
—¿Y qué tal con Hairspray?
-Ingresé a esa producción luego de que se hizo la partitura. No había un libro aún. Habían escrito el primer número: “Buen día Baltimore”. Y es muy interesante porque te dice todo: quién es esa chica, qué pasa allí, qué quiere hacer. Y te quedás asombrado. Eso lo hace más fácil para escribir el guión. A veces escribir un guión es como una montaña rusa. Con subidas y bajadas. Pero ese fue un viaje muy feliz.
—¿Tiene algún otro proyecto con Mel Brooks?
-Sí. Quizás hagamos Blazing Saddles, un western que está basado en una película que hizo Gene Wilder con el actor negro Cleavon Little.
—¿Y cuánto tiempo tarda en hacer un musical como El joven Frankenstein?
-Como mínimo tres años. Los productores llevó tres años. Hairspray, un poco menos, dos años.
—¿Y Annie?
-¡Cinco! Desde 1972 hasta 1977. Porque no le gustaba a ningún productor. Todos decían: “Una obra con chicos, no es comercial”. Nadie la quería. Por aquel entonces yo vivía en Connecticut. Y puse todos los guiones en una caja en el ático pensando que nunca nada iba a pasar con ella. Hasta que un productor escuchó la canción “Mañana”. Me dijo: “Iba caminando y no me la podía sacar de la cabeza”. Entonces me llamó porque pensó que debería hacer la obra. Fue tan exitosa que me dio miedo.
—¿Qué más me podría decir de Guillermo Francella?
-Creo que es lo que hace la gran diferencia entre la versión neoyorquina y esta. Es muy talentoso. Es mejor cantante que bailarín. No es ni tan gracioso ni tan serio. Tiene alma. Es real.
—No canta ni baila, pero su trabajo resulta.
-Creo que es muy importante lo que hace. Al comienzo de Annie, la primera canción que aparece es “Maybe” y, enseguida, aparece una niñita de 9 años y todo el público quiere que ella triunfe. En Hairspray, hay una chica gorda y, de repente, todos la aman cuando canta “Buen día, Baltimore”. A los protagonistas los tenés que amar desde el comienzo. En Los productores, es distinto. Se tarda un poco más en querer a ese productor venido a menos. Escribir un musical popular y con grandes protagonistas es muy difícil. Incluso con Sweeney Todd, pero de todos modos, el protagonista debe ser amado desde un inicio. Ese musical que te acabo de nombrar es brillante. Es uno de mis favoritos, de Stephen Sondheim. Yo hago un arte popular. Pero tiene que ser hecho por un artesano.

viernes, 21 de agosto de 2009

Revivals en Broadway


HAIR, SOUTH PACIFIC y WEST SIDE STORY

(Ampliación de la nota publicada el 26 de julio de 2009, en La Nación. Podés leer la nota original en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1154949)

EL INVALORABLE ENCANTO DE LOS CLÁSICOS

En Broadway, tres de los musicales más requeridos por el público son "revivals" de éxitos del pasado
Por Pablo Gorlero
(Enviado especial)

NUEVA YORK.- Aunque todos los años Broadway presenta varios revivals de sus grandes musicales que hicieron historia, crisis mediante, ésta es una de las más auspiciosas temporadas para aquellas obras que han vuelto en nuevas versiones. Los "revivals" de Hair y West Side Story están entre los diez primeros puestos, en el top ten de recaudaciones; y South Pacific, está muy cerca de esa lista. A eso se suma una moderna versión de Bye Bye, Birdie, que el 10 de septiembre comenzará sus funciones previas, en el teatro Henry Miller. Asimismo, hasta hace muy poco tiempo también estuvieron en cartel "revivals" de Guys and Dolls y Pal Joey, que obtuvieron varias nominaciones al Tony.
No pude conseguir entradas para Amor sin barreras (West Side Story) así que poco puedo hablar de esta nueva versión. A fines de junio se agotaban rápido las entradas con descuento y, en el teatro, había mucha gente esperando la devolución de último momento. El musical que dirige el mismísimo Arthur Laurents tiene la característica de ser bilingüe. En las escenas de los puertorriqueños se habla en español, y en las otras o en las de conjunto, en inglés. De todas formas, recientemente, los responsables de este montaje han decidido reducir el texto en español en partes claves del show porque, según dicen, la gente se queja por no entender nada. En recientes declaraciones a The New York Times, Laurents explicó que el detalle de presentar algunas escenas en español no tuvo el impacto esperado en el público. La canción "A Boy Like That", que se representaba en español, ahora se hace en inglés. Hasta hace algunas semanas, este musical iba cuarto en el "top ten", aunque ahora descendió al décimo lugar.
Una escena de West Side Story (Fotos Barlow - Hartman)

Pero en ascenso imparable, en séptimo lugar, está la nueva versión de Hair, que está generando una legión de fanáticos y un regreso de la moda hippie, por lo menos en las inmediaciones del teatro Al Hirschfeld, en la calle 45. Por allí pueden verse colas, por la mañana, para conseguir buenas ubicaciones, y amontonamientos por la tarde, cuando llega el momento de la "lotería". Es nada menos que un sorteo que implementan también otras producciones, como Wicked y 9 to 5, y que se volvió célebre (y tradición) en Rent, durante muchos años. Allí, un miembro de la producción sortea las dos primeras filas a 20 dólares cada entrada, un momento en el que se genera furor y expectativa. Casi todos los que se agrupan en la puerta del teatro son adolescentes o veinteañeros, lo que hace aún más llamativo este suceso que es Hair.
Se estrenó el año pasado en el ciclo Shakespeare in the Park, dirigida por Diane Paulus, y fue tan elogiada que el 29 de abril debutó en Broadway y tuvo ocho nominaciones al Tony, de las cuales ganó como mejor "revival" de musical. Sin dudas, Hair es hoy uno de los mejores montajes que pueden apreciarse en la Gran Manzana.
Es una de las llamadas "obras peligrosas", ya que no tiene una estructura dramática convencional, sino que su propósito original es transmitir el mensaje del movimiento hippie. Se estrenó en 1968, por lo tanto, hoy en día, si no tuviera una resemantización adecuada resultaría anacrónica y en extremo ingenua. Pero la directora Diane Paulus recuperó el sentido de la obra que gestaron Gerome Ragni, James Rado y Galt MacDermot, y le insufló la energía necesaria a través de un equipo de intérpretes que estremecen. La historia y la política de Bush también jugaron a favor del montaje. De inmediato, los espectadores estadounidenses hacen una relectura de la guerra de Vietnam (momento en el que está situada la acción) y las recientes invasiones a Medio Oriente. Basta mirar algunos rostros enjugados en lágrimas y en las risas cómplices cuando la obra satiriza a los grandes estratos de poder, las leyes y las "obligaciones". Hair vuelve a ser un grito de rebeldía que no se vuelve infantil, sino genuino, generado en épocas en las que clamar por paz y por amor era revolucionario.

Desde el comienzo, en "Acuario", esta nueva "tribu" de hippies ficticios hacen suyo no sólo el escenario, sino todas las instalaciones del teatro. Se mueven entre la platea y el pullman irreverentes, traviesos, contestatarios, embebiendo al público de ese aire a libertad suprema e ideal que irradian el montaje y la propuesta. Paulus extrajo la potencia del mensaje, de las canciones y la sumó a una banda de rock que hace vibrar, revolear cabelleras y mover cabezas todo el tiempo. Para eso también contó con el aporte de un elenco talentosísimo. En la versión que vio este cronista, el personaje de Berger fue tan brillantemente interpretado por Steel Burkhardt, que hace difícil imaginar cómo podría superarlo el elogiado Will Swenson. Burkhardt tiene el brío y el talento necesario como para formar una dupla potente con Gavin Creel, en el papel de Claude, el muchacho que va a la guerra. La directora acentuó también la relación amorosa que sostienen como trío, junto con el personaje de Sheila, encarnado en forma brillante por Kacie Smith.


Por su parte, Bryce Ryness le brinda desparpajo a su irreverente Woof; Kacie Sheik, juega a su embarazada Jeanie con dramatismo y verdad; Andrew Kober vuelve más simpático y creíble ese esperpéntico personaje que es Margaret Mead; y Sasha Allen, Bryce Ryness y Allison Case, ponen voz y fuerza.
Paulus le buscó otra potencia al final de la obra con "Deja que entre el sol" ("Let the Sunshine in"). En lugar de implorar al público desde el proscenio y luego invadir la platea en alud humano, el elenco canta en rigurosa formación triangular y se aleja de a poco, en fila, por la platea, cantando a cappella. Casi de inmediato y con un breve saludo, vuelven al escenario e invitan a los espectadores a subir y cantar con ellos. Eso se vuelve en una gran fiesta con cientos de personas en escena cantando ese himno que pone la piel de gallina, y que en forma ineludible, trae a la memoria reminiscencias del final de la versión fílmica de Milos Forman, en la que los hippies invadían, de a miles, el Central Park.



Cuatro momentos de esta excepcional versión de Hair

Entretanto, en el Lincoln Center, el teatro oficial presenta una versión nueva de South Pacific, un clásico de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, de 1949, que generó un antes y un después en el teatro musical norteamericano. Está ambientada en una isla tropical del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial. Allí transcurren dos historias románticas, una entre un rico francés y una enfermera, y otra entre un oficial estadounidense y una joven nativa. En 2008, ganó el Tony como mejor revival de musical, además de siete premios más. El montaje, de Bartlett Sher, no es ampuloso, sino más bien rico con poco. En una sala muy parecida a la Martín Coronado del San Martín, consiguió crear tanto el ambiente de playa con una hermosa sensación de profundidad y el lujo campestre de la casa de Emile de Becque.

Y el montaje fiel, ágil y fresco de Bartlett Sher pone el acento en sus intérpretes, que sobresalen en lo vocal. Quienes más se destacan son Danny Burstein, quien se adueña del escenario cada momento del escenario cada vez que aparece, como Luther; Loreta Ables Sayre, enérgica y simpática como Bloody Mary; y Paulo Szot, correcto como Emile y con una voz prodigiosa. Kelli O'Hara le impone dulzura a su enfermera protagónica y tiene muy buena voz, pero le falta algo de fuerza dramática. De todas formas, es muy difícil borrar de la cabeza el trabajo que hizo Glenn Close en una versión fílmica para televisión de la obra.
Por su parte, la imponente orquesta de 30 músicos que dirige Ted Sperling ubica en un plano protagónico la partitura de Rodgers.

Kelli O'Hara y Paulo Szot, protagonistas de South Pacific

Entretanto, la nueva versión de Bye Bye Birdie, que dirige Robert Longbottom, subirá a escena en un par de semanas, con un interesante elenco: John Stamos, Gina Gershon, Bill Irwin, Nolan Funk, Jayne Houdyshell y Matt Doyle.
La escena del "Baile en el gimnasio", de West Side Story
(Podés ver un video sobre el estreno de Hair, en Broadway en http://www.youtube.com/watch?v=Q8OAN5QTwio)

jueves, 20 de agosto de 2009

Billy Elliot

Artículo publicado el 25 de julio en La Nación y ampliado para este blog. El original lo podés ver en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1154622


Pablo Gorlero frente a la entrada del Imperial (izq.) y Playbill (programa) de la obra

EL MUSICAL QUE YA ESTÁ HACIENDO HISTORIA


Tanto la música de Elton John como el libro, las actuaciones y la ingeniosa puesta hacen sublime esta obra de arte

Por Pablo Gorlero (enviado especial)

NUEVA YORK.- La silueta de uno de los tres chicos que interpretan a Billy Elliot se erige llamativamente en pleno corazón de la Gran Manzana... y en cada esquina, en los autobuses, en los taxis, en los subtes y hasta en los tachos de basura. Una vez más un musical británico vuelve a colonizar Broadway. Así como lo hicieron alguna vez Cats, El fantasma de la ópera, Los miserables o Miss Saigón, otra obra maestra del género, estrenada en Londres, conquistó Broadway casi de inmediato. Le quitó el trono a El rey león y se lo disputa muy de cerca a Wicked, como la obra más requerida. Billy Elliot es un suceso. Y los diez premios Tony que se llevó hace poco más de un mes han acentuado al máximo ese interés en el público. No hay tickets con descuento, salvo en algunos sitios de Internet y con mucho tiempo de anticipación, y los que pueden conseguirse en boletería son los más caros (ubicación premium), que oscilan entre los 256 y los 351 dólares. Carísimos, pero una gran inversión al buen gusto y al aporte cultural individual.
Lejos y sin exageraciones, Billy Elliot es una de las mejores obras que este cronista haya visto jamás. Sorprende desde el comienzo, cuando un pequeñito sale desde la platea y sube al escenario para conducir de la mano al público entero al interior de esa ficción maravillosa que conseguirá emocionarlo en varios tramos. Podría haber sido un riesgo trasladar esa película perfecta al escenario, pero el proyecto contó con el mismo director, Stephen Daldry, y el mismo guionista, Lee Hall, quien además se ocupó de ponerle letras a la atractiva y pegadiza partitura compuesta por Elton John.
"Expressing Yourself"

Daldry logró sublimar su trabajo fílmico con un montaje que desarrolló ese argumento establecido para insertarlo en una idea conceptual que se permite ahondar más en los conflictos y en la belleza de la imagen viva que permite el teatro. Los creativos ampliaron la huelga minera de la trama, a través de las situaciones en oposición. Daldry, Hall y John yuxtaponen la manifestación obrera y su consecuente represión con las clases de danza de las nenas del pueblo, o con la explosión interna del protagonista. A su vez, la versión teatral de Billy Elliot profundiza en el aspecto social de aquella huelga minera de 1984 que pretendía abortar los deseos de Margaret Thatcher de privatización total de esa industria; y, a su vez, escava más a fondo en la psicología de este chico que cambió sus clases de boxeo para desarrollar sus habilidades naturales para la danza.
David Alvarez y Gregory Jbara

El primer cuadro refleja la reunión de los habitantes de un pueblito minero del norte de Inglaterra, en la víspera de la gran huelga prevista. Allí, todos juntos, entonan "The Stars Look Down", reclamando "¡solidaridad, solidaridad, por siempre!". Luego será el momento en que un graciosísimo grupo de niñas se adueña de la escena y bailarán torpemente en sus clases, mientras los mineros o los policías les hacen de partenaires. Es el disparador de las risas que se irán colando durante casi todo el espectáculo, entre lágrimas y esos sacudones en el pecho que logran los momentos sublimes de un gran musical.
Cómo olvidar ese zapateo rabioso en el que Billy vuelca su sentimiento interior, tan gráfico, tan determinante, tan conmovedor; y que mezcla con esa furia que impera en la calle, represión mediante. O esa danza sublime en la que el talentoso muchacho baila El lago de los cisnes consigo mismo, en edad adulta, y esa felicidad, esa emoción a flor de piel lo harán volar en un cuadro onírico de una belleza incomparable. O esa canción hermosísima en la que Billy expresa con palabras y movimientos que siente "electricidad" al bailar.
Y qué decir de los intérpretes. Consiguen conmover no sólo por las situaciones que juegan, sino por su talento. Son tres los jóvenes ganadores del Tony que se alternan para componer a Billy. En este caso, fue David Alvarez, un chico de casi 15 años que se vuelve gigante en escena. Logra emocionarse, divertirse, sufrir y desafiarse a sí mismo a través de un papel tan difícil como agradecido. En la misma sintonía, con un desparpajo y desinhibición notable, Keean Johnson interpreta a su amigo inseparable, que tiene muy en claro lo que son la individualidad y las metas en la vida.
Carole Shelley, Gregory Jbara y Santino Fontana

Haydn Gwynne, como la Señora Wilkinson, da cátedras de interpretación integral; Santino Fontana, pone potencia dramática al hermano de Billy; y Carole Shelley es tan adorable como elocuente en su papel de abuela. Pero es Gregory Jbara, el padre, quien consigue sacudir al espectador a través de un amor paternal capaz de derribar cualquier tipo de barrera o principio. Es muy difícil de olvidar esa imagen en la que, sentadito, casi sin moverse y con su rostro empapado de lágrimas, observa bailar a su hijo.
Esta obra vuelve a afirmar que el género está en permanente evolución y que, sin dudas, será un nuevo ícono indiscutible.
(Podés ver fragmentos de este montaje en: http://www.youtube.com/watch?v=FuWDV73qrLI)