lunes, 11 de octubre de 2010

El parque de los desnudos



EL PARQUE VIGELAND:
UN BANQUETE PARA LOS SENTIDOS

Por PABLO GORLERO

OSLO.- La primera recomendación que recibí antes de partir rumbo a Noruega fue no dejar de visitar el Vigelandsparken. “El parque de los desnudos”, me dijeron. Las fotos de la guía turística no decían mucho. Pero al poner un pie en Oslo, en la estación de trenes, me topé con una gigantografía que ilustraba un obelisco de cuerpos entrelazados, anudados. Sospeché que se trataba del Vigelandsparken o Parque de Vigeland, situado dentro de un parque mayor: el Frognerparken.
Empecé a interiorizarme y me enteré de que se debía su nombre a Gustav Vigeland, un bienamado escultor noruego que vivió entre 1869 y 1943. En épocas de la independencia, el gobierno le encomendó numerosas obras escultóricas y fue uno de los artistas más mimados de esa renaciente nación escandinava. En 1906 presentó un modelo en yeso de una fuente para adornar la plaza frente al Parlamento Nacional. La obra gustó, pero tuvo que esperar unos trece años, durante los cuales Vigeland amplió el proyecto añadiendo varios grupos escultóricos y un monolito de granito. Miren qué historia interesante. En 1921, el ayuntamiento de Oslo decide demolir el edificio donde se encontraba el estudio del escultor para construir la Biblioteca. Pero llegaron a un acuerdo histórico: la misma ciudad construiría un nuevo edificio destinado a estudio y vivienda de Vigeland, a cambio de ser transformado en museo luego de su muerte. A cambio de esa construcción, el escultor se comprometía a donar a la ciudad todo su trabajo artístico, incluidos sus modelos.
Así Vigeland se mudó a su nuevo estudio, muy cercano al Frognerparken, espacio verde elegido para instalar su fuente y su complejo escultórico. Así fue como, en los sucesivos 20 años, el artista se dedicó a la realización e instalación de un área destinada a la exposición permanente de sus esculturas.
Dónde comienza o termina el Parque Vigeland para continuarse en el Frogner, nunca lo pude descubrir. En cambio, sí me enteré de que este enorme parque de más de 32 hectáreas comenzó a concebirse por este megalómano en 1924 y fue concluido siete años después de su muerte.
Los grandes portales que conducen a él desde una de las principales avenidas de Oslo se asemejan al Central Park neoyorquino. Es algo así, un gran pulmón verde en el medio de la ciudad. Aunque, claro está, Oslo irradia naturaleza por todos sus costados.
Me sentí afortunado por el día que me tocó recorrerlo: un soleado domingo de septiembre, con 22 grados y un tibio sol que acariciaba el rostro. Apenas pasé por el desfiladero de árboles, bajo los cuales muchos ancianos disfrutaban del merecido descanso por sus jubilaciones (sin preocupación en sus rostros, obvio), el parpar de los patos anticipa agua cercana. Ya sobre el final de esa pared arbórea se asoma la primera sorpresa: un puente flanqueado por decenas de esculturas humanas de bronce, todas desnudas. No sólo están en diferentes posturas y posiciones, sino que cada una contiene una expresión, una emoción o una acción. Algunas simbólicas, otras metafóricas, todas tan vivas. Ahí comienza un viaje que conmueve. Ahí empieza una comunión artística y natural que sacude todos los sentidos.


Vigeland reprodujo todas las formas de las relaciones humanas, todos los períodos erarios y las formas expresivas más diversas. En ellas hay belleza, erotismo, hasta pavor. Es imposible que cada una de ellas resulte indiferente. Y allí, en ese pasillo de sensaciones, hay un aroma inspirador, ineludible. El de August Rodin.
Allí los instintos se corporizan tanto en sus formas más extremas como de modos más sutiles. El amor fraterno, el amor filial. La violencia visible, la violencia interna. La pareja heterosexual, la homosexual. El odio, el enojo, el pánico, la alegría, la felicidad. La seducción, la vanidad, la autosuficiencia, la autoestima.
Uno se puede quedar horas ahí, contemplando, compartiendo con cada uno de esos cuerpos sus posibles pensamientos, el alma que les dio su creador.
Luego, un pulmón de flores permite una bocanada de belleza natural para separar los sentidos de la creación del hombre. Aunque, de inmediato, a lo alto, uno puede avizorar lo que se viene. El aire a Rodin se entremezcla con una cacofonía de inspiraciones en la antigua Mesopotamia y en el arte clásico. El ying y el yang salpican permanentemente la vista y embriagan al espectador sensible. Una enorme fuente, llamada La Rueda de la Vida, antecede al Monolitten, un obelisco de cuerpos humanos. Es tan erótica esa llamarada de arte, en medio de tanto verde. Tan fálica. La Rueda y el Obelisco conforman una cópula de vida para parir momentos, emociones, sensaciones; amargas y felices.
La Rueda es una fuente sostenida por unos atlantes, que quedan tapados por una cortina de agua, tan armónica como estridente en su caída. A su alrededor, árboles de la vida con querubines, que son la mayor reminiscencia rodiniana. Y debajo, en el friso que circunda toda la fuente, secuencias que pasan por el amor, el sexo y la violencia.
Luego, la escalinata que conduce al obelisco humano. Uno puede pasar horas observando esa escultura con tanto contenido de ritual. Esa trenza de cuerpos, compacta, perfecta, es tan impresionante como bella. Hombres y mujeres de todas las edades se compactan en una masa de concreto que parece carne viva. A su alrededor, decenas de esculturas en situaciones que contienen tanto acción como emoción. Es impresionante cómo Vigeland puede captar sentimientos para reflejar expresiones. Cómo puede poner en la roca el alma humana con tanta elocuencia.
Casi cinco horas estuve en el Vigelandparken, adorando a ese megalómano. Contemplé cada escultura, cada relieve de la fuente, cada cuerpo anudado en ese obelisco. Traté de guardarme el olor de esas flores tan bien cuidadas por los visitantes mismos y hasta el sonido de los pájaros.
Al atravesar los portales de salida, juro que me di vuelta, sonreí y di las gracias.
Aquí un recorrido fotográfico por esta maravilla:

domingo, 19 de septiembre de 2010

Next to Normal




El musical de la bipolaridad

Por Pablo Gorlero


OSLO.- No hay demasiadas publicidades en la capital noruega. Es parte de su idiosincrasia, de su forma de comunicar con discreción. La gente se entera de otros modos: por estar atentos, por los medios de comunicación, a los que todos tienen acceso. Por eso quien esto escribe se enteró de que en Oslo estaba en cartel el musical Next to Normal , sólo por haber transitado por casualidad, por la puerta de su teatro, el Det Norsketeatret. ¿Entradas para ese mismo día? Imposible. Hasta las obras del Festival Ibsen están acomodadas de tal forma que el espectador común pueda combinarlas con otra función de teatro comercial o alternativo.
Pero cómo poder reprimir la curiosidad por ver cómo los noruegos adaptaron este musical alternativo que se convirtió en objeto de culto de la escena de Broadway. Conseguimos entradas. De alguna forma, Next to Normal pasó a ocupar el lugar que dejó Rent, sólo que amplió su espectro de público hacia edades que traspasaban los treinta y pico. Es lo que ocurre, en un primer vistazo, con los espectadores noruegos... aunque un poco más. En su mayoría con cabezas canosas (casi nadie se tiñe en Oslo) cumplen con la ceremonia teatral nórdica. Arriban al teatro, cuelgan sus abrigos en alguno de las enormes filas de percheros (a nadie se le ocurriría llevarse el equivocado), se toman un "vermucito", cada uno se acomoda por sí mismo en la butaca que le corresponde y, en punto, absolutamente todos, están en su asiento para presenciar el espectáculo. Luego no habrá euforia, pero la obra finalizará con un estruendoso aplauso que obligará a que los intérpretes salgan cuatro veces a saludar. Prueba de que el buen teatro y el buen rock puede ser también saboreado por cualquier edad.
Next to Normal es un musical rockero con libro y letras de Brian Yorkey y música de Tom Kitt (ganadores del Tony). Es la historia de una madre que lucha contra sus disturbios bipolares y la fuerte presencia en su vida de su hijo muerto. Eso causa serios trastornos en el entorno familiar, pero tanto su esposo como su hija la ayudan a pelear contra su problema mental. Allí entrarán en escena su psiquiatra, los psicofármacos y un serio planteo que los autores hacen en torno a algunos tratamientos a pacientes con estos trastornos. Asimismo, es una alerta para estar atentos a esta enfermedad, cada vez más común en estos nuevos tiempos.
Aunque inspirado en el montaje que Michael Greif (Rent, Grey Gardens) hizo en Broadway, el director noruego Svein Sturla Hungnes realizó una puesta en escena imponente, en la que la escenografía en tres niveles de Even Børsum y las luces de Ola Bråten tienen una presencia estridente que envuelve. Sobre el nivel superior, se instala la contundente banda musical liderada por Atle Halstensen. Next to Normal es una obra con un discreto elenco de seis intérpretes, que llenan la escena con mucha presencia y gracias a un montaje ágil que aprovecha todo el enorme dispositivo escénico. Es una obra hecha para una gran protagonista. Alice Ripley se ganó el Tony gracias a su composición de la alterada Di Goodman. En esta versión, ese papel recae en la estupenda actriz y cantante noruega Heidi Gjermundsen Broch, quien impone dramatismo sin desbordes. La acompañan Jon Bleiklie Devik, Charlotte Frogner, Thomas Bye, Frank Kjosås y Lasse Kolsrud.


El Norketeatret

lunes, 13 de septiembre de 2010

Festival Ibsen

NORUEGA RESPIRA TEATRO

Por Pablo Gorlero

OSLO.- El alcohol es caro en Noruega: los impuestos a la bebida son muy altos. Pero hay otras posibilidades de embriagarse. De cultura, por ejemplo. Hay bares de jazz y de rocanrol por donde se busque. Y con sólo pisar la plaza que antecede al Parlamento, uno se siente atrapado por unas voces líricas que reúnen no a docenas, sino a cientos de personas. Es que desde el viernes último hasta el 19 de este mes, Oslo se viste de esmoquin para recibir a su Festival de Opera. A unas cuadras, un sinnúmero de galerías de arte se dan la mano, mientras el gran Vigeland vigila desde el corazón verde de la ciudad, con sus esculturas convertidas en patrimonio de la humanidad. Pero ¿la locura cultural pasa sólo por la música o las artes plásticas? Basta hacer unas cuadras por la pomposa Karl Johans Gate para toparse con un edificio que cualquier amante del teatro puede sentir palpitar. Muy fuerte. Es el Teatro Nacional de Noruega (Nationaltheatret), con el monumento en bronce del gran Henrik Ibsen como eterna custodia. Más allá, a dos cuadras de distancia, está la casa donde vivió en sus últimos años. Las habitaciones donde concibió John Gabriel Borkman (1896) y Al despertar de nuestra muerte (1899). Y allí los noruegos lo honran con un museo tan hermoso como ilustrado, tan emocionante como educativo. Aunque sus mejores obras hayan sido escritas en el exilio y aunque más de una vez haya sido crítico con su patria, aman ese genio y lo honran. Tanto como para realizar, cada dos años, el Festival Ibsen, dentro de las paredes del bello Teatro Nacional.

Todos los grandes gobiernos...

La embajada de Noruega en la Argentina eligió a LA NACION como único medio para cubrir semejante evento cultural. Había un motivo extra: una obra excelente como Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo, dirigida por un director mayúsculo, Daniel Veronese, y con un elenco que da orgullo: Claudio Da Passano, Silvina Sabater, Elvira Onetto, Marcelo Subiotto y Osmar Núñez. Tanto que el día en que este cronista arribó a la amable Oslo, divisó a dos cuadras la bandera argentina, junto a la noruega, en el frente del Teatro Nacional, como señal fraterna de que una obra de esa nacionalidad se estaba representando allí.
El Festival Ibsen celebra su feliz vigésimo aniversario con un puñado de obras extranjeras, basadas en los clásicos del dramaturgo, y las más destacadas puestas locales también inspiradas en sus trabajos. "Durante los últimos años, me di cuenta de que había un especial interés en los artistas jóvenes por redescubrir a Ibsen. Y encontraron un renovado sentimiento hacia su obra -explica Hanne Tømta, directora artística y general del Teatro Nacional-. Los dramas de Ibsen tiene el polvo de la historia, pero a través de los dramaturgos, del dedicado trabajo de los actores y de la aguda dirección, la obra de nuestro autor ha sido reinterpretada continuamente para que siguiera siendo relevante durante todo el siglo XX y los comienzos del XXI". El festival comenzó el 26 de agosto y continuará hasta el viernes próximo, tanto en el Teatro Nacional como en otras salas de la ciudad.
Se inauguró con Ibsen Machine, un trabajo local que, sin duda, es una de las estrellas del evento y seguirá representándose hasta el último día. El dramaturgo Sebastian Hartmann creó una obra en la que su personaje principal es Osvald, de Espectros, que interactúa con diversas criaturas de otras creaciones del escritor noruego.
Por su parte, el director francés Laurent Chétouane presentó su versión de Casa de muñecas, con un elenco noruego. El actor alemán Josef Bierbichler, ahora internacionalmente conocido por su trabajo en la elogiada película La cinta blanca (de Michael Haneke), llegó a Oslo para protagonizar una nueva versión de John Gabriel Borkman. "Un nuevo capítulo en la historia del teatro europeo", dijo Le Monde sobre este montaje del Schaubühne, a cargo de Thomas Ostermeier. En el elenco también participó Angela Winkler, ganadora del premio Año Ibsen 2006 por sus trabajos en personajes de ese autor.
Por su parte, el artesanal Chorus Repertory Theatre, del director indio Ratan Thiyam, presentó una aplaudida versión de Al despertar de nuestros muertos , con efectos especiales, artilugios visuales y un coro de cantantes.

Acento porteño
El jueves último, a las 19.30, una fila entusiasta, con espectadores de todas las edades, se agolpó en la puerta trasera del Teatro Nacional. Es que allí, detrás del escenario principal, en su trastienda, se montó el decorado minimalista de Todos los gobiernos han evitado el teatro íntimo, obra de Daniel Veronese que se basó en Hedda Gabler, de Ibsen. Allí, la nueva platea eventualmente armada por la producción se llenó (se vendió hasta la última entrada) para recibir con aprobación, risas y sorpresa la propuesta de los argentinos. Sin duda, es una de las joyas del teatro independiente actual y los europeos que conocen tan minuciosamente la obra de Ibsen, captan el detalle y celebran cada actuación hasta no permitir que los actores se retiren luego de tres saludos. Y una sala completa de pie, lógico. A la función siguiente, lo mismo. "Es fantástico como, con humor, emoción y cierto distanciamiento no abandonan el drama de Hedda Gabler", comentó a este cronista una fotógrafa local. Un orgullo.
Anteayer se presentó el elenco griego para representar The Lady From the Sea , en la sala principal del Teatro Nacional. Ya desde el foye r, uno respira las voces y los atuendos que, durante cientos de años, transitaron por ese escenario. Arañas inmensas, cielos rasos rococó y palcos con cariátides que parecen acariciar a sus espectadores son el marco ideal para embriagarse de teatro, desde el comienzo.
El elenco, dirigido por Eirik Stubø, uno de los "chicos rebeldes" del teatro europeo actual, conmovió al efusivo público noruego, que los aplaudió sin parar. El director hizo trabajar a su elenco de primeras figuras de la escena griega en un gigantesco escenario vacío, sin el mínimo elemento de utilería ni ningún decorado. Allí solitos, como en el vacío, volvieron expresionista al realismo en una propuesta coral e íntima a la vez, donde el actuar parece prohibido, pero el sentir es la esencia.
Quedan unas cuantas propuestas, además de las locales, una china y otra sueca. Pero no es una maratón de obras. El Festival Ibsen no es compulsivo. No es de esos eventos en los que hay que correr de un teatro a otro. Es metódico, prolijo y cuidado. Como Noruega.

Ibsen en su tierra
Las últimas semanas del verano nórdico ya acarician la capital noruega con un clima amable, con el sol y las nubes disputándose el dominio del cielo y algún viento que advierte sobre lo que se viene. Ellos andan tranquilos, como siempre, inundando las calles de noche y de día, despechugados como si los 18 grados de máxima fueran 25. Más aún, con tres festivales culturales en una semana. Concluido el de Opera, acaba de comenzar el Festival de Tendencias Musicales Contemporáneas Ultima, que hace un repaso por toda la vanguardia escandinava en materia de música y danza.
Pero La Nacion está en Noruega, gracias a su embajada en la Argentina, para seguir los pasos del vigésimo Festival Ibsen, de teatro. Todavía resuenan los ecos de la presencia de Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo, la versión que Daniel Veronese hizo de Hedda Gabler. “Sin dudas, lo mejor que he visto en estas dos semanas”, dijo el reconocido director Kamaluddin Nilu. Algo similar, comentó la crítica teatral cubana Yohayna Hernández.
En estos últimos días, el Teatro Nacional sólo compartió su bandera con las de China y Suecia, ya que las demás puestas fueron locales. Salvo excepciones, la tendencia del encuentro apunta a montajes ascéticos, estáticos y un premeditado distanciamiento. Como el montaje local de Casa de muñecas, dirigido por el francés Laurent Chétouane, que apunta a la representación de la representación y todo aquello que la compone. Desde su escenografía, compuesta por estructuras de madera que tal vez podrían convertirse en utilería, logra generar un esqueleto, cuya extrema frialdad tal vez le quite matices. Los intérpretes recorren el espacio escénico en forma permanente cuando esperan su turno para salir a escena, como para que el espectador no olvide que eso no es verdadero; la protagonista (un cruce entre Nora y Antígona) actúa su personaje en forma casi monocorde, pasando una a una las páginas de su libreto y sin moverse de su sillón, mientras algunos otros se interrelacionan a su turno.
Un poco más lejos del Teatro Nacional, pasando por el bohemio barrio de Grünerløkka, se encuentra el pequeño teatro Torshov (también oficial). A esta sala casi alternativa, de portentosa fachada, se accede por una escalerita que conduce a un espacio escénico en semicírculo, con piso de pedregullo negro. En un nivel superior, un actor recita textos sobre la paternidad, con voz en off amplificada. Luego, el resto del numeroso elenco irrumpirá y armará una extensa mesa articulable y desarmable que cruza la escena e impone el límite, contundente. Así comienza la propuesta noruega de El padre, del vecino August Strindbeg, única obra que no pertenece a la dramaturgia de Ibsen en el Festival. La directora Victoria H. Meirik condujo a sus actores hasta los bordes mismos de sus emociones, con un conocimiento minucioso. A su vez, le impuso a su montaje una importante fuerza escénica y dramática, a partir de un elenco virtuoso, del que merecen destacarse los nombres de sus dos protagonistas: Henrik Mestad y Andrine Sæther.

El padre

En el Teatro Nacional, se presentó esa hermosa metáfora que es El maestro constructor (The Master Builder), de Ibsen, a cargo de Lin Zhaohua, una de las principales figuras de la escena china. En ella participan actores populares de ese país, pero en un montaje también con escasas acciones para semejante escenario. Irremediablemente, la dramaturgia camina muy adelante de los intépretes. De todas formas, Zhaohua impuso a su puesta unas pinceladas estéticas y musicales exactas, preciosistas, como para que el espectador salga de la sala con cierto nudo en la garganta.

El maestro constructor

Deconstrucción Ibsen 1: Espectros

Pero sin dudas, una de las mejores propuestas de este célebre festival noruego es Deconstrucción Ibsen 1: Espectros. En el escenario menor de este gran teatro, un dúo de excelentes actores suecos: Rafael Pettersson y Nils Dernevik, ofrecieron una clase magistral de actuación con la fantástica versión que Jörgen Dahlqvist hizo de Espectros. El dramaturgista tomó a dos de los personajes de la obra, uno masculino y otro femenino, y “deconstruyó” la pieza, pero para cavar hondo en el sentido de su trama. Lo femenino y lo masculino está encarnado en ambas criaturas, no sólo a través de su vestuario y maquillaje, sino en la sutil y a la vez intensa interpretación. La directora Linda Ritzén llevó a los actores por senderos a través de los cuales sus criaturas descubren (o intentan hacerlo) cuál es el motivo de su presente y su destino. No sólo se amarán y combatirán al mismo tiempo entre ellos, sino que bucearán en las fosas más profundas de sus vidas, para reencontrarse, alejarse y volverse a encontrar. Por momentos se ahogarán, en otros podrán volver a la superficie. A veces en la paz, a veces en la locura. Inclusive a fuerza de repetición. Y, por instantes, mirarán al público fijamente, como responsabilizándolo. Imposible no salir estremecido de este impresionante trabajo.
Luego de que el gran dramaturgo noruego Jon Fosse recibiera el Premio Festival Ibsen 2010 (que consiste nada menos que en 300 mil euros), el Festival culminó con su obra estrella: la noruega Ibsen Machine, un trabajo artesanal de dos horas y media donde el dramaturgo Sebastian Hartmann jugueteó con distintos personajes del universo Ibsen para hacerlos interactuar en una locura sofisticada y muy bien interpretada.
Sobre el anochecer del viernes, la iluminación urbana hacía que la figura del monumento a Ibsen se agigante sobre una de las paredes del Teatro Nacional. Fue la imagen perfecta para cerrar su inolvidable fiesta, en su propia casa.

Ibsen Machine

El gran Teatro Nacional
OSLO.- El Teatro Nacional de Noruega, con su monumento a Ibsen como custodia imponente, es una joya de la arquitectura inaugurada en 1899 (único momento en que el dramaturgo pisó esa sala). Por dentro es imposible no enloquecer la mirada, tanto por su arquitectura y diseño como por su organización. Con frescos en los techos de la sala, en el foyeur y en otros diferentes sectores, tiene un estilo barroco que lo embellece. A su, vez, por sus paredes desfilan innumerables cuadros de los actores, directores y dramaturgos que pasaron por sus escenarios; y por dentro, los palcos presentan cariátides únicas.
El 9 de octubre de 1980, un proyector cayó sobre el escenario en plena función, a sala llena cuando se representaba The Kingfisher. El fuego envolvió la escena inmediatamente, pero por fortuna no hubo víctimas y las llamas no se extendieron más allá del proscenio. Su capacidad es para 780 personas aproximadamente, aunque su caja escénica, en su totalidad, es mucho mayor que la platea, y tiene salida hacia la calle trasera.
Tiene todo lo que un teatro oficial debería tener, desde un importante presupuesto que le destina el Ministerio de Cultura como para hacer grandes y pequeñas producciones, y todas las comodidades para espectadores y empleados. El 20 por ciento de sus ganancias es a partir de la venta de entradas, mientras que el 80 restante proviene del Estado nacional.
Esta institución cultural amada por los noruegos produce entre 12 y 16 producciones anuales, que se comunican oficialmente en enero y agosto. La permanencia de las mismas es de acuerdo a la aceptación del público, aunque teniendo en cuenta la cantidad de habitantes de Oslo, el promedio en que las obras están en cartel es de aproximadamente 30 funciones.
El Anfiteatro es la sala mediana, inaugurada en 1963, y reformada sucesivamente, en 1980 y 1999, año en que se la “agrandó” para dar lugar a unos 210 espectadores. Entretanto, la sala más pequeña es The Paintshop, con capacidad para 65 personas.
Es llamativo como, antes de acceder a la sala, los espectadores pueden dejar sus abrigos en una fila de percheros sin que, a la salida, nadie se lleve nada equivocado. A su vez, el entreacto es casi una ceremonia, donde la gente acude a la barra del foyeur o al bar del primer piso para tomar un trago antes de que comience el segundo acto.
Un dato curioso: no hay talleres de vestuario ni escenografía en el Teatro. Están en otro edificio, en las afueras de la ciudad. Pero cuentan con un enorme camión propio que se ocupa de los traslados.





martes, 24 de agosto de 2010

DE ANNIE A HANNIGAN


Foto gentileza de: Mitch DanForth

Andrea McArdle vuelve a Annie

Por Pablo Gorlero


El 21 de abril de 1977 se estrenó en Broadway una de las comedias musicales que harían historia: Annie, con libro de Thomas Meehan, letras y dirección de Martin Charnin y música de Charles Strouse. Estaba basada en una historieta de Harold Gray llamada Little Orphan Annie, que salió diariamente en el Chicago Tribune, desde 1924. Charnin se enamoró de esos personajes: una huerfanita, con un perro lleno de pulgas, adoptada por un ultramillonario. Y en torno a ellos imaginó las vidas de cada uno de ellos, los personajes que los circundan y un contexto social signado por la Gran Depresión del 30. Era un gran riesgo: trabajar con un grupo de niñitas y un perro, y hacer cantar nada menos que al presidente Franklin D. Roosevelt. De más está decir que se convirtió en una de las comedias musicales más adoradas y ni siquiera Gray hubiera imaginado que sus criaturas tuvieran una vida tan frondosa. Estuvo seis años ininterrumpidos en cartel (con varias reposiciones) y su protagonista fue Andrea McArdle, una niñita que hizo lagrimear a más de uno en aquella oportunidad. Hoy, Andrea McArdle vuelve a trabajar en Annie, aunque para interpretar a la Señorita Hannigan, regente del orfanato y villana de turno. Esta vez es ella quien debe soportar los pisotones de las nenas. La obra se estrenó en el prestigioso North Carolina Theatre, dirigida por Casey Hushion, con English Bernhardt, como Annie. Ya de grande, McArdle también trabajó en otros musicales como Los miserables, La Bella y la Bestia, Starlight Express, Gypsy y State Fair.
En la Argentina, Annie se estrenó en 1982, en el teatro Lola Membrives. Las niñas que participaron en ese montaje se eligieron a través de un programa televisivo conducido por Pinky (a su vez, una de sus productoras). Noelia Noto -hoy en día radicada en España- fue la protagonista, y Cecilia Campos su alternante. Entre las demás "huerfanitas" se encontraban Eleonora Wexler y Nancy Anka. El resto del elenco protagónico lo completaban Raúl Lavié, María Alexandra, Jovita Luna, Héctor Pilatti, Laura Rivó, Jorge Larrea, Guillermo Marín y Rodolfo Valss.
Actualmente, en Monterrey (México) se está por estrenar una nueva versión de Anita, la huerfanita.

domingo, 18 de julio de 2010

Glee


Idina Menzel y Kristen Chenoweth, en Wicked

Matthew Morrison, en Glee y en Miss Saigón

Matthew Morrison, en 10 Million Miles

Lea Michele, en Glee

Nota publicada el sábado 10 de julio de 2010, en La Nación

Con el talento de Broadway

La serie se transformó en una ventana para los intérpretes de musicales


Por Pablo Gorlero

Hasta el año pasado, difícilmente un intérprete de musical de Broadway conseguía acceder a un protagónico en una serie televisiva. Concretamente, hasta la aparición de Glee. Claro que hubo excepciones, y Debbie Allen (Amor sin barreras, Sweet Charity) pudo ser protagonista, y luego directora y productora de la serie Fama, uno de los grandes íconos televisivos de los años 80.
La aparición de Glee es el puente que estaba faltando entre Broadway y la televisión. Tanto es así que la página oficial de la serie en Facebook lanzó esta encuesta: "¿Qué estrella de Broadway querés en Glee?". Y allí figuran los nombres de Bette Middler, Julie Andrews, Carol Burnett, Lea Salonga, Adam Lambert, Betty Buckley y Megan Mulally, entre muchas otras. Y todos ellos, famosos y desconocidos, quieren pasar por esa "ventana" que trasciende la Gran Manzana y puede volverlos masivos, algo por siempre dificultoso para los artistas del género musical.
Glee reivindica el espíritu de Broadway a través de esos sublimes fragmentos cantados de sus obras, pero también en el alma de aquellos talentosos intérpretes integrales que transmiten las emociones más intensas a través de la palabra cantada o del movimiento. Así Matthew Morrison, quien trabajó en las comedias musicales Footloose, The Rocky Horror Show, Hairspray, 10 Million Milles y The Light in the Piazza, hoy es una estrella a la que le "llueven" proyectos. Y para hacer alarde de su talento, en la última entrega de premios Tony demostró durante varios minutos cómo puede bailar y cantar sin parar, con el magnetismo de una estrella consumada.
Por su parte, el revolucionario musical Despertar de primavera -ya fuera de cartel- dejó como legado extra a sus dos protagonistas: Lea Michele y Jonathan Groff, y a una integrante del elenco, Jenna Ushkowitz. La carismática Michele va camino de convertirse en una de las figuras jóvenes más solicitadas de Hollywood a través de su atractivo personaje Rachel Berry, hija de un matrimonio compuesto por dos hombres.
Por su parte, Idina Menzel y Kristen Chenoweth, las dos impresionantes protagonistas originales de Wicked, hoy superestrellas de Broadway, también tuvieron su lugar en Glee, con personajes intensos, donde demostraron que no sólo cantan maravillosamente, sino que son unas actrices espléndidas. A su vez, tuvieron sus participaciones Victor Garber y Neil Patrick Harris, entre otros.
Glee nos regala instantes inolvidables a los amantes del musical porque logra integrar el alma del género a su atractivo argumento. El momento en que Menzel interpreta a dúo "I Dreamed a Dream" (de Los miserables) con Lea Michele -su hija natural en la ficción- resulta un tour de force inolvidable. Otro de los momentos más sublimes de su primera temproada es cuando Chris Colfer (el adolescente gay, cuya relación con su ultramasculino padre mecánico es conmovedora) interpreta a dúo con Lea Michele, "Defying Gravity", el dúo musical que cierra el segundo acto de Wicked.
Glee sirvió tanto para reafirmar la "nueva comedia musical" -donde el rock más salvaje es el que rige sus partituras, donde la realidad, la ironía y la vida sin oropeles circundan sus letras y sus tramas-, como para recuperar el romanticismo clásico e incorporarlo a su contemporaneidad.

jueves, 24 de junio de 2010

Carta a los senadores por el matrimonio entre personas del mismo sexo

La emotiva carta que escribió a los senadores un joven adoptado por un padre gay

"¿Entienden con el corazón lo que es ser gay?", le pregunta a los legisladores que tratan el proyecto de ley que autoriza el matrimonio entre personas del mismo sexo; además, el adolescente de 16 años aclara: "Creen que mi viejo me inculca el ser gay o me puede contagiar, ¡se equivocan! A mí me gustan las chicas".

Publicada en el diario La Nación, el 24 de junio de 2010.

Un adolescente de 16 años escribió una conmovedora carta a la Cámara de Senadores en la que se debate el proyecto que autoriza el matrimonio entre personas del mismo sexo, que ya tiene media sanción de Diputados. Se llama Daniel Lezana y les dice a los a los legisladores: "¿Ustedes entienden con el corazón lo que es ser gay?"
El joven cuenta brevemente su historia en la que lo separan de su hermano menor del hogar en el que vivían transitoriamente y cómo cinco veces distintas familias se lo llevaron y lo devolvieron. "¿Por qué nadie me quería?... todas las noches me lo preguntaba, hasta que me dormía, sin respuestas...", relata Daniel.
En el medio de la polémica instalada por el debate del proyecto que cuenta con media sanción, el adolescente decidió expresar su opinión porque, según él, estuvo el pasado 8 de junio en el recinto escuchando las posturas de los distintos oradores y él también quería hacer lo mismo.
En uno de los párrafos más destacados de la carta, Daniel habla de su orientación sexual. "Para los que piensan o creen que mi viejo me inculca el ser gay o me puede contagiar, ¡se equivocan! A mí me gustan las chicas y ¡mucho!", afirma fervorosamente.

El siguiente es el texto que escribió Daniel y que envío a cada uno de los senadores que por estos días discuten en comisión el proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Sres. Senadores:
Mi nombre es Daniel Lezana, soy hijo de Luis Lezana, tengo 16 años y nos adoptamos hace seis, por eso ahora puedo llevar nuestro apellido.
El martes 8 de junio, estuve con mi papá en el Senado, escuchando las distintas opiniones, entonces yo, también quiero dar mi opinión.
Yo no divido a la gente por su sexualidad, héteros, homos, travestis... y demás, posibilidades.
Mis padres biológicos eran heterosexuales y por esas cosas de la vida, con mi hermanito, terminamos viviendo en un hogar (no quiero hablar del porqué).
Cuatro veces más, intentaron adoptarme, familias heterosexuales, y me devolvieron, porque decían que era travieso, una vez me devolvieron por que les puse mucha comida a los pececitos y se murieron, al parecer por comer mucho. Y las otras veces no recuerdo bien, sólo tenía más o menos 8 añitos.
Con todo esto, yo no digo que todos los héteros son malos, es más, yo soy hétero, me gustan las chicas y soy buena persona.
A los 10 años, apareció en el hogar Luis, mi papá del alma, como nos llamamos nosotros. Entonces el juez me dijo: "Mirá Dani , hay un Sr. soltero, que tiene un perro grande que se llama Carolo, y quiere adoptarte". Yo no lo podía creer, había una nueva esperanza para mí, yo pensaba que iba a terminar en el hogar como muchos de los chicos grandes. Ya a mi hermanito lo habían adoptado porque era muy chiquito, él sí había tenido suerte... y yo, ya era grande, ¿por qué nadie me quería?... todas las noches me lo preguntaba, hasta que me dormía, sin respuestas...
Y así fue que nos vinimos a Buenos Aires. Al principio no fue fácil. Luis es arquitecto, así que la casa siempre es un lío, siempre está remodelando algo, no tiene descanso... jajaja. Luis es re hincha, todo el día está diciendo: ¿estudiaste?, ¿te bañaste?, ¿te lavaste los dientes... ¡¡Ufa digo yo!!, ya estoy harto... pero, cuando me voy a dormir por las noches, sé que él siempre sube a taparme y a darme un beso en la frente, qué molesto... ¿no? jajaja.
Cuando pasó el tiempo y me animé a hablar con mi viejo de lo que es la homosexualidad, al principio, no me gustó, pero porque no lo entendía. A ustedes señores senadores, les debe pasar lo mismo ¿no...? ¿Ustedes entienden con el corazón lo que es ser gay?
Después con el tiempo, empecé a ver con mis ojos del corazón a Luis y Gustavo (su ex pareja, ahora se separaron)... también soy hijo de padres separados... ojo con mis traumas... jajaja. A mí, me hubiera gustado que Luis y Gustavo se casen, hubiera tenido dos papás.
Cuando vivíamos los cinco (había dos perros), todo era más divertido. Luis (mi viejo) era el malo y nosotros éramos sus víctimas... jajaja... era muy divertido, todos estábamos en su contra, él siempre tiene que organizar todo.
Según Luis (y yo me río mucho) tiene que ser madre y padre a la vez...¡es un personaje! A todos los hijos que se crían sólo con un papá o una mamá, les pasa lo mismo ¿no?, sus papás cumplen los dos roles, el mío lo hace y a veces, es re pesado.
Nosotros somos una familia, les guste o no a muchos, esta es mi familia.
Para los que piensan o creen que mi viejo me inculca el ser gay o me puede contagiar, ¡se equivocan! A mí me gustan las chicas y ¡mucho!, pero ¿qué pasa si fuera gay?, ustedes creen que es porque me crío un gay... mmm... yo no lo creo. Ahora que estoy escribiendo por los derechos de mi viejo y los míos, quisiera, que él se casara. Como me voy a casar yo el día de mañana.
El, cuando se case, lo va hacer con otro gay, que sienta como él. No se va a casar con los héteros, ¿de qué tienen miedo?, ¿qué los gays son una plaga que nos van a invadir?, Si se casa mi papá, el boletín de la escuela lo van a poder firmar los dos, a las reuniones del colegio puede venir cualquiera de ellos. Quiero tener los mismos derechos que tienen mis compañeros del colegio, y si ellos (mis papás), se separan, tener los mismos derechos, que tienen los hijos de padres separados... sus hijos los tienen y yo no, ¿por qué?
Bueno, lo último, yo estoy orgulloso del padre que tengo, de él aprendo que en la vida hay que luchar por las cosas que queremos, y yo, querido viejo, siempre estaré a tu lado.
Y por favor señores senadores, los gays se van a casar entre ellos, no tengan miedo, no se van a casar con ustedes.
Muchas gracias.
Daniel Lezana

miércoles, 23 de junio de 2010

Se terminó el despertar




Por Pablo Gorlero

Cuando se estrenó Despertar de primavera, la versión musical de la obra de Wedekind, el 19 de marzo, quien esto suscribe y un grupo de amigos coincidieron en que la obra que se había presentado era de una gran calidad en cada uno de sus aspectos, pero no se trataba ni de una comedia musical convencional, ni de un clásico de la dramaturgia universal, ni de un espectáculo para adolescentes. Difícil imaginar qué target de público iría a verlo. Es complejo, no es taquillero (ni siquiera en Broadway fue un gran éxito a pesar de los premios) y forma parte de este grupo de nuevos musicales, de factura atípica, que demuestran que el género está en permanente evolución. Y esa evolución es necesaria.
Despertar de primavera corrió con la desventaja de haber sido uno de los primeros de su tipo (en la Argentina). No le fue muy bien, tampoco mal, pero no lo suficiente como para amortizar semejante producción. El domingo se terminó y tuvieron que agregar una función más, debido a la demanda. El joven elenco y todo el equipo técnico hasta utilizaron su emoción del final para saltar y bailar con el "Bla-bla-blá", el potente tema musical más celebrado de la obra. Los fans gritaron como en un recital de rock y algunos hasta fueron disfrazados como los personajes. Los productores tuvieron ausente con aviso.
Tal vez Despertar de primavera haya dejado en la historia del género musical vernáculo a uno de los mejores elencos. Todos y cada uno de los elegidos por la producción y el director Ariel del Mastro (también en uno de sus mejores trabajos) lograban una fuerza unívoca difícil de olvidar. ¿Un consagrado? Sin dudas, Federico Salles, como Moritz.

Última función de Despertar de primavera, el domingo 21 de junio

domingo, 20 de junio de 2010

La Bella y la Bestia otra vez en Buenos Aires


Marisol Otero y Juan Rodó, en 1998 Omar Pini, Juan Rodó y Pablo Lisazo, en 1998

Pasado y presente del primer musical de Disney en Buenos Aires

Por Pablo Gorlero

En 1996, Daniel Grinbank se asoció con empresarios mexicanos con la idea de transformar a la avenida Corrientes en un símil latinoamericano de Broadway. Y comenzó con un promocionado contrato que firmó con el mismísimo Roy Disney para llevar a escena los musicales de esa fábrica de entretenimiento, en los principales centros culturales de América latina y de España. El puntapié inicial fue La Bella y la Bestia , en 1998, con una puesta que deslumbró a Buenos Aires.
Y sí, aunque ya se habían visto montajes impresionantes, como Cats o El beso de la mujer araña , podría decirse que este musical de Linda Woolverton, con letras de Howard Ashman y Tim Rice, y una partitura preciosista de Alan Menken, fue un emergente en la historia del género en la Argentina.
Cuando se estrenó en Broadway, en marzo de 1994, así como despertó admiración también elevó múltiples críticas por su recargada maquinaria escénica. Se hablaba de una suerte de "hollywoodización" de Broadway. Era verdad. ¿Pero está mal? Los musicales despojados pueden convivir con la parafernalia.
La versión argentina de aquel entonces nada tuvo que envidiarle a la estadounidense. Por el contrario, contaba con el agregado de una energía palpable y de interpretaciones inolvidables.
La señoría y la potencia de Juan Rodó, como Bestia, tenía un complemento perfecto con una debutante Marisol Otero, que derrochaba dulzura. Diego Jaraz era imparable como villano; con su elasticidad y gracia, Gustavo Monje demostraba que es uno de los mejores artistas integrales; Omar Pini, exacto y simpatiquísimo como Dindón; Rodolfo Valss, un papá loquísimo, y una pizpireta Alejandra Radano, como Babette. El elenco completo era impecable. Si hasta Elena Roger hacía pequeños papeles (una de las chicas bobas, por ejemplo). Pero hubo tres actores que fallecieron muy pronto, antes de tiempo. Nelly Fontán, deliciosa como ropero; Mónica Núñez Cortés, que irradiaba la ternura necesaria para su Potts; y Pablo Lisazo, un sinónimo de comedia musical, cuya labor es inolvidable.
Cuando se estrenó este año me resistía a verla. ¿Conservaría la magia de hace más de una década? ¿Aquel elenco impecable podría igualarse? Tardé unos cuantos meses en comprobarlo. La nueva edición de La Bella y la Bestia conserva ese preciosismo de las comedias musicales clásicas, de textura y factura impecable. Claro, el encanto no es el mismo. En aquél entonces, cuando en el prólogo, la bruja se elevaba por los aires y convertía al joven príncipe en una bestia despertaba sorpresa, admiración y era el encantamiento perfecto para lo que vendría después. Lo mismo ocurría con el armado escenográfico del castillo. Cuando aparecía en escena, en cada función se oía un murmullo de exclamación en la platea. Hoy los artilugios escénicos y los efectos especiales son moneda corriente. Ya no despiertan tanta sorpresa. Pero es una obra en la que uno no puede no pasarlo bien.
Para mí la gran sorpresa fue el dúo que componen Magalí Sánchez Alleno y Martín Ruiz, como Bella y Bestia, debutantes en roles protagónicos. Magalí es la Bella perfecta. Como si el personaje hubiera encontrado a su intérprete ideal. Voz, presencia y encanto la consolidan en este trabajo. Entretanto, Martín Ruiz no tiene la estatura imponente de Rodó, pero se descubre como un actor que supo encontrarle el alma a su criatura. Supo cómo sacarle lo horrorífico y lo entrañable. Es un personaje complejo que tiene tránsitos rápidos. Pero Ruiz le puso el alma que la Bestia necesitaba. Ambos hacen una dupla perfecta.
Federico Moore consigue encontrarle la gracia a Gastón. Se apoyó más en la composición del villano simpático que en la del odioso. Y cumple muy bien con ese propósito, correctamente acompañado por Roger González, como Lefou. Otro papel muy logrado es el de Babette, a cargo de Ana Fontán. Tanto Carlos Silveyra como Ricardo Bangueses logran trabajos muy buenos. Pero es en la conexión entre ambos donde uno añora esa dupla entrañable que conformaban Lisazo y Pini en el 98. El resto del elenco muy bien. Y habría que destacar algunas perlitas: Walter Canella, que supo sacarle mucho provecho a Monsieur D'Arque, un personaje bastante anodino; y el trío que componen Florencia Vitterbo, Jimena González y Jorgelina Maglio (sobre todo esta última), como las Chicas Bobas.
En los papeles protagónicos dos actores vuelven a estar en el elenco: Marisol Otero y Rodolfo Valss. Es evidente que Marisol Otero -la Bella anterior- supo lo que hizo cuando se postuló para otro personaje: la Señora Potts. Dota a su personaje del encanto que necesita y cuando canta "La Bella y la Bestia" entrega uno de los mejores momentos del espectáculo. Por su parte, Rodolfo (debería contarlas, pero tal vez sea el actor que más comedias musicales haya hecho en el país) vuelve a incorporar al viejo Maurice a su cuerpo. Y su personaje ha evolucionado en el mismo cuerpo que hace doce años. Compone a un viejito simpatiquísimo que vuelve muy vivo el vínculo con su hija, la heroína de la historia.


Rodolfo Valss, como Maurice en las dos versiones

Escenas de la versión 2010

domingo, 13 de junio de 2010

SERGI LÓPEZ




(Extensión de la entrevista realizada para La Nación y publicada el 26 de abril de 2010.)

"SOY UN TIPO DE SUERTE"

De villano en El laberinto del fauno, Sergi López pasó a ser un padre abnegado en Ricky y un amante sin límites en Partir

Por Pablo Gorlero


Allí, muerto de calor, luego de una docena de entrevistas, en uno de los sillones más cómodos del Four Seasons porteño, Sergi López no pierde el humor ni la sonrisa. Es un tipo macanudo. "¿Cómo voy a estar cansado si soy un afortunado? Estoy acá porque no paro de hacer películas", dice con absoluta sinceridad y convicción.
Cuenta que el cine llegó a su vida casi por casualidad, pero que ama el teatro; que sabe muy bien que, sin ser el prototipo del galán, lo llaman seguido para hacer personajes sensuales, y que le divierte muchísimo encarnar al malo de la historia.
Ya a estas alturas es bien conocido por estas latitudes. Pero un currículum que incluye títulos, como Harry, un amigo que te quiere bien, Negocios riesgosos, El laberinto del fauno, Una relación particular, El cielo abierto y Sólo mía, entre una treintena de títulos, lo llevaron a convertirse en una importante figura del cine internacional, idolatrado de igual forma en Francia y en España. Precisamente, Sergi llegó a Buenos Aires hace un mes para presentarse en la semana del cine francés. Dos títulos de ese origen se estrenarán este año y lo cuentan como protagonista: Ricky, de François Ozon, y Partir, de Catherine Corsini.
En la primera, comparte cartel con Alexandra Lamy y una nena impresionante: Melusine Mayance. "No había visto las películas de François Ozon, pero lo conocía a él. No es un tipo campechano, sencillo y en camiseta, sino un poco sofisticado, un dandy . Hace unas películas muy cuidadas y siempre te lleva por pistas falsas", avanza Sergi. Y algo de eso tiene que haber para que Ozon se aventure a realizar un film cuyo protagonista es un niño con alas, fruto de un enamoramiento entre dos obreros. Está lejos de Tobi , aquella emblemática película española de 1978, en la que un niño alado era señalado por la sociedad. "No es una película común. Una fábrica, una familia monoparental, este tío que luego aparece, un bebe, malos tratos y luego... ¿cómo que tiene alas? De entrada, cuando la leí pensé que era una gilipollas enorme, una boludez de campeonato. Me di cuenta de que era un riesgo. La famosa frase del niño con alas es una trampa. Puede parecer una convención comercial, pero es un gran riesgo. Aunque me di cuenta de que la historia sería la misma si, en lugar de alas, el niño tuviera una alergia", explica el actor. "Ozon no puede evitar contarte historias para dejarte perplejo sin saber a qué sitio irán. Todo es misterioso e inquietante. No sabes por dónde te va a salir y eso a él le encanta. En Francia, hicieron la táctica de no decir nada de qué se trataba. Pero en España, hice todo al revés. Les conté a todos lo del niño con alas. Porque, en definitiva, en esta historia está todo el mundo como fuera de lugar."
Dos imágenes de Ricky, de Francois Ozon
-¿Cómo se siente eso de estar tironeado por dos países?
-Es surrealista. Se vive bien, es un privilegio. Sólo faltaría que me queje, ¡hostia! Es proporcional lo bien que me va con lo inesperado. Soy de Vilanova i la Geltrú, al sur de Barcelona, al lado de Sitges. Me fui a París a estudiar a la Ecole Internationale de Théâtre et Mouvement, de Jacques Lecoq. Había trabajado con un muchacho que estaba en esa escuela. Tenía 25 años, ahora tengo 44. Fue en el 90. No era tan jovencito, es decir, no empecé a los 16. Allí, de casualidad, vi pegado un papelito en la secretaría que decía: «Se busca actor con acento español para primer largometraje de cine». ¡Hostia! Yo hablaba francés fatal y fui por curiosidad. Así comencé. Como el director no tenía todo el dinero para hacerla decidió rodar los primeros diez minutos para ir a buscar los fondos que le faltaban con ese material. El tío me cogió, estuvimos rodando una semana y un fin de semana y, al año siguiente, cuando empecé nuevamente la escuela, me llama y me dice: “Sí”. “¿Sí qué?”, le pregunto. “Que he encontrado el dinero y que nos vamos dos meses a Normandía a rodar”. Le dije que no podía. Me dijo que estaba loco. Si no iba, para él era una putada. De todos modos, le expliqué: “Yo no he venido aquí a hacer cine. Esto es una escuela privada, la pago yo, me cuesta una pasta que te cagas… Además la escuela está muy bien, está muy bien de creación”. Pero me dice: “Esto es cine”. Realmente no podía dejar la escuela dos meses, porque no son cursillos. Es una carrera, con muchas materias, vas del clown a los bufones, a la tragedia, a la Commedia dell’Arte… Si te tienes que ir dos meses, tienes que dejarlo. Al final nos pusimos de acuerdo. Filmamos dos fines de semana. Entonces te das cuenta de que me encontré con el cine por accidente. Tengo amigos que, de jovencitos, se han ido a Londres, a los Estados Unidos o a Francia, porque querían hacer cine. Pero para mí fue de casualidad. Mi relación con Francia es de puta madre, no lo entiendo muy bien porque tengo acento catalán y hablo francés con acento marcado. Cuando terminé esa película, me sugirieron que me quedara a hacer «mi carrera de cine» allí. ¡Si yo iba a hacer teatro! Me proponían papeles de inmigrantes españoles, pero siempre de inmigrante-inmigrante. No sabía adónde iba a parar eso. Además, París es una ciudad cara. Y esa idea de actor, de sufrir en casa esperando a que me llamen, no me va. Porque si eres actor y no te llaman para actuar, te pones en duda tú mismo. En cambio, poder hacer cosas propias te da una fuerza brutal. Por eso, el teatro me ha salvado la vida y la escuela de Lecoq también. Allí aprendes a trabajar sobre la idea de crear y utilizar la improvisación para desarrollar temas. Te sugieren cosas y puedes escribir sobre ellas. Estamos hablando de la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq. Éramos casi todos extranjeros, había algunos argentinos también. De 50 tipos en mi clase sólo dos eran franceses. Bueno, reaalmente no podía dejar la escuela dos meses, porque no son cursillos, sino materias. Vas del clown a los bufones, de la tragedia a la Commedia dell’Arte… Si te tienes que ir dos meses, déjalo. Bueno, entonces nos pusimos de acuerdo con el director y filmamos durante dos fines de semana.
El cielo abierto
-¿Ese modelo aprendido en la escuela de Lecoq tomaste para tu unipersonal Non solum?
-Sí, todavía lo estoy haciendo. Todo lo que hago en teatro es creación personal. Lo demás, me viene de suerte. Estrenamos esta obra hace cinco años, en catalán. Al cabo de un año la presentamos en francés, y desde hace tres meses, en castellano. Pronto iremos a Madrid. Antes hacía teatro con otro compañero, un espectáculo de clown, sin nariz roja, pero dos horas de clown… Lo tuve que dejar porque en teatro ahora te sale una fecha y es así. En cambio en cine, el plan es rodar en septiembre octubre y después termina siendo noviembre-diciembre. Es un cachondeo. Las fechas se mueven. Entonces fue complicado. Porque cuando no me conocía nadie, como éramos dos, en lugar de ir yo a la obra de teatro encontrábamos a un sustituto para ambos. Y cuando a mí no me conocía nadie no había problema, pero cuando me empezaron a conocer un poco y en mi lugar iba un tal Luis Guerrero, que no conocía nadie… Incluso mi compañero era más conocido que yo: Tony Albá. Bueno, lo dejé y estuve tres años sin hacer teatro y estaba en una moto… Cuando veía amigos míos sobre un escenario me daban ganas de ponerme a actuar, a escribir, a improvisar.
Non solum
-¿Estás preparando otro espectáculo?
-Estamos hablando mucho con Jorge Picó, otro tío que estuvo conmigo en la escuela. Nos hemos ido haciendo amigos y su mujer trabaja conmigo. Con Jorge estamos hablando de muchas cosas, queremos escribir otra obra y canciones, una película, un libro, etcétera.
-¿Elegís mucho el trabajo?
-Sí. Por eso, no me quejo mucho. Lo que me pasa es una exageración y hasta me da vergüenza. Me mandan cosas para leer de Francia, de España, de Inglaterra, de los Estados Unidos y, físicamente, no puedo hacer todo. Entonces tengo que escoger por cojones. Intento hacer sólo cosas que me gustan. Y si nada me gusta, pues no hago nada. Estoy supercontento.
-¿Qué debe tener un proyecto para que lo aceptes?
-No lo sé… Tengo poca cultura cinematográfica, entonces no me puedo guiar por nombres. He trabajado muchas veces con directores desconocidos que resultaron ser "number one". Y películas que yo ni me he imaginado y personajes que ni se me hubieran ocurrido y han acabado siendo brutales. Por eso intento no tener ninguna idea preconcebida de lo que espero. Es curioso porque este privilegio que tengo de que me manden cosas a veces no te sirve de nada. Basta que te digan que estaría bien hacer una comedia para que te manden una comedia que no te gusta. O tienes ganas de hacer un mafioso, pero después lo lees y no te gusta.
-¿Por dónde te pega la elección de una historia? ¿Por cómo está escrita o desde la visión del actor para encarnar tal o cual personaje?
-No, no consigo hacerlo. Alguna vez me ha pasado de leer un guión en el que mi personaje está muy bien. Exuberante, piscina con cocodrilos, un personaje luminoso, extravagante, pero luego la película… Oh… ¿Y voy a lucirme con un personaje interesante, en una historia que no lo es? El cielo abierto era una comedia muy buena de Elvira Lindo, muy graciosa e ingeniosa… pero mi personaje era aburrido, un psiquiatra que se había separado y que se encontraba con una mujer espectacular, garrula. Yo le decía al director, qué aburrido este personaje: era buen tío, no hacía nada… pero sin embargo, la peli necesitaba a este tío al lado de esta tía. Necesito creer, decirme que hay algo en la historia que está bien y que cuenta algo interesante. Si no, no me siento bien. No me gusta hacerme un catálogo de personajes distintos.

Vidal, el villano de El laberinto del fauno
-¿Qué te gustó de estas dos últimas (Ricky y Partir)?
-Ambas tienen algo que es explicativo de lo que vivo. Tengo la suerte de trabajar con estos exponentes del cine de autor: gente que cuenta historias que sólo ellos podrían contar de esa manera. Es decir, que no hay una mentalidad industrial o de construir un producto para llegar a un segmento de público concreto. Son autores. Con la directora de Partir (Catherine Corsini) ya había trabajado antes. Es una tía que tiene una implicación siempre política o feminista. Siempre ha sido muy militante, de izquierda. Aquí armó una estructura clásica: un marido, una mujer y su amante. Es curioso pero es como que tiene algo de historia que ya has visto. Ellos de clase alta y mi personaje, un obrero. La historia de una tía que se vuelve loca de amor por este tío, pero porque eso la hace dar cuenta de hasta qué punto está “secuestrada” en su matrimonio. O sea, no puede ni comprarse una botella de agua, depende de su marido, siente esta cosa un poco clásica: el amante animal. Mi personaje representa eso y ayuda mi acento catalán y que soy peludo. Pero este personaje también tiene algo femenino. Y no lo digo en forma peyorativa. Es un modelo de hombre que no soluciona, sino que la sigue, le da besos, la escucha y lo que le propone es idílico. Tu ves que van hacia un sitio donde parece que no van a terminar bien… Es como una carrera sin final o con final trágico. Pero sin embargo, la tía avanza y el tío no la frena, continúa siguiéndola.
Partir
-En esta película se ve una conexión muy importante entre vos y la actriz, Kristin Scott Thomas…
-(Se ríe) Son esas cosas que logra el cine.
-¿Vos averiguás quién va a ser tu partenaire cuando te convocan?
-No. Es una lotería. Entre nosotros, con Christine no nos entendimos tanto, no fue una relación profunda, intuitiva, no tuvimos química. Pero entiendo lo que dices porque cuando vi la peli dije: ¡Hostia! Le dije a la directora: “Estoy alucinado, parece que estuviéramos enamorados”. Incluso ella está guapa y no te cansas de verla. Cuando Corsini nos dio la peli estábamos seguros de que tenía algo que no estaba escrito. Lo que estaba escrito, en el fondo, era bastante convencional. Entiendo que esto tendrá sentido si entre los tres encontramos algo que no está escrito. Al principio, el guión era muy sexual. Había algo de sensual en la mirada, en cómo nos tocamos. Y sabíamos que si eso no te lo crees, la película será una mierda. Es brutal lo que tiene el cine. Puedes contar la historia de la misma manera y tocar momentos de belleza. En un momento el guión dice: “Está sola, en el campo, entre los árboles, se pasea y le entra una abeja en el vestido. Y le da risa y se ríe sola”. Lo lees y dices: “Hostia… ¿qué es esto?”. Y esa escena es increíble. Hasta yo la veo bella. Esas cosas que son imposibles de prever.
-¿Cómo definirías a Ricky? ¿Como una película del género fantástico?
-No lo sé… Si tuviera un defecto diría que lo de las alas es una falsa pista. El laberinto del fauno es más unánime, tiene una línea de narración como una aplanadora. Guillermo del Toro no te da hostia. A mí no me gustan las películas de monstruitos y está muy bien. Cómo se le ocurre a un tío hacer la guerra civil española como un monstruo con unas alas.
-¿Aquél fue tu gran papel?
-Bueno… ese es un papel que la gente, al menos en España, y creo que aquí en la Argentina también, está muy marcado, muy puesto en valor. El cine tiene esto también, que tú te pones ahí así… sin nada y, detrás, tienes un batallón de tíos que logran muchas cosas sin que tú hagas nada. Vidal es un personaje que podía ser un poco maniqueísta, porque es malo con él, con los otros, con su pasado, con su futuro, con todo… pero sin embargo, tiene un montón de detalles. Es muy salvaje. Como un malvado de película, el ogro de un cuento de hadas.
El laberinto del fauno
-¿Te divierten esos personajes? Tenés un montón de villanos.
-Sí, es más divertido hacer malos que buenos. Imagino que si a un niño le dices: “vamos a jugar a Caperucita roja, ¿qué personaje quieres hacer?”… seguro te dice: El lobo. Hacer un malo es más libre, tienes menos barreras morales y cosas que te alejan más de ti. Tienes una distancia con lo que actuar. Lecoq decía que lo más difícil de actuar es lo más cercano. Los animales más complicados de representar son los monos. Se confunde mal, no sabés cuándo se acaba el mono y empiezas tú. El malvado, el monstruo, tiene algo más de infantil, algo divertido, algo lúdico.
Harry, un amigo que te quiere bien (izq.); y Love Affaire (der.)
-Sin ser el prototipo de galán, también representás a un prototipo de hombre deseable. ¿Sos un nuevo Marlon Brando?
-Ja… ¿Has visto qué bueno? Pero en las comparaciones puedo salir perdiendo. Me doy cuenta de que lo de la seducción… Bueno, es una cosa en la que el cine tiene mucho que ver. Hace un mayor culto a la persona. A mí también me pasa que veo actores o actrices y digo: ¡Hostia, qué tío, qué tía!… Y bueno… con las tías siempre me ha ido bien, pero nunca he ido por la calle y se han dado la vuelta y han dicho: “¡qué sensualidad, qué cosa!”… Pero con esto del cine me encuentro con gente que me dice cosas enormes… Bueno porque han visto películas y las películas tienen esta cosa mágica, inexplicable. Una relación pornográfica (Love Affaire) empieza ahí con una tía esperando en un bar y contando: “La primera vez que lo vi, no me pareció guapo, tenía un atractivo…”. Y se ve una imagen relentizada de mi entrada. La veo y le sonrío. ¡Y la cámara hizo maravillas! En su texto ella dice: “Cuando sonreía, toda su cara sonreía”… Eso lo haces en una peli y se logra, tu crees que eres testimonio de ese momento. La gente cree que estamos enamorados y no es verdad. Eso juega a favor. Sé que en muchas pelis acabo haciendo cosas que son sensuales o sexuales… Eso me parece cojonudo, algo positivo que les guste a las tías. Pero es algo que me sobrepasa. No es lo más importante de mi carrera, pero me lo tomo como algo muy positivo. Tal vez las pelis que hago inspiran a otros directores. Te voy a contar algo respecto de la sensualidad que se puede ver de mí en una peli. El otro día, en Italia, presentamos Partir en una sala de cine pequeñita, con 50 periodistas. Versión original, subtitulada, se acaba la película. Mujeres y hombres comentando. De pronto, una periodista dispara: “Señora Corsini, ¿me puede explicar cómo, para hacer una película que va de amor y de sexo, escoge a este hombre que no tiene ningún sex appeal?” (Risas). Bueno, es evidente que a la tía no le gusté en absoluto y no entendía cómo se me podía coger a mí. No le quito razón, yo soy el primer sorprendido. Como a todos en la vida, me he encontrado con chicas que me han dicho que era el muchacho más guapo del mundo o el más normal, algunas me prefirieron delgado y otras mejor gordo. Por suerte, para los gustos todo vale.

martes, 18 de mayo de 2010

Ruth Mehl


Hoy, el teatro para niños llora a Ruth Mehl

En la madrugada de hoy, murió nuestra queridísima Ruth Mehl, periodista, crítica de teatro infantil e investigadora. Fue uno de los pocos especialistas del género en la Argentina. Al teatro para niños le dedicó toda su vida y, hace menos de un mes, acababa de lanzar su libro "El teatro para niños y sus paradojas". La vamos a extrañar muchísimo.

Ruth Mehl es uno de los próceres del teatro infantil en la Argentina. Periodista, investigadora y escritora, trabajaba en La Nación desde 1978. Falleció hoy a la madrugada, luego de haber sido operada del corazón el jueves pasado.
Nació en Córdoba en 1932. En 1960 se radicó en Buenos Aires. En 1962 viajó a los Estados Unidos con una beca y estudió periodismo, literatura infantil, teatro, daramaturgia y comunicación de masas, durante un año, en la Universidad de Nueva York. A su regreso dirigió colecciones de libros para niños, escribió programas para Radio Nacional sobre libros y niños, participó en la organización de ferias de libros y ciclos de funciones teatrales. Integró jurados en el país y el extranjero, incluyendo el que otorga el IIBBY (International Borrad of Books for Young People), el Premio Andersen Internacional. En la Argentina fue jurado en varios concursos de teatro para niños.
Es autora de libros para chicos, una novela juvenil, diversos artículos sobre la literatura y el teatro para niños, y el libro de crítica y reflexión: Con éste sí, con este no, más de 500 fichas de literatura infantil. Recientemente había lanzado el libro El teatro para niños y sus paradojas, editado por el Instituto Nacional de Teatro.
En 1978 se vinculó con la escritora Syria Poletti, quien la invitó a reemplazarla en su columna "Adónde ir con los chicos", en el diario La Nación. Así fue que, desde 1978, visitó las salas teatrales evaluando los espectáculos infantiles. Posteriormente, se hizo cargo de la crítica de estos espectáculos en la columna "Platea infantil", un clásico de todos los sábados en La Nación.

viernes, 14 de mayo de 2010

Lukánikos, el perro piquetero

A cara de perro

Lukánikos, un chucho callejero, abandera las protestas en Atenas. El animal se ha convertido en todo un fenómeno mediático mundial gracias a internet

Por Estibaliz Santamaría
Diario Vasco

Los griegos están que muerden con su Gobierno, tanto que entre ellos ha surgido una nueva especie de manifestante. Se llama Lukánikos y los antidisturbios de Atenas ya conocen sus malas pulgas. Desde hace casi dos años, participa en primera línea de batalla en cada manifestación de sindicalistas, anarquistas y grupos antisistema, y enseña los dientes a la Policía como ningún otro compañero de piquete. No se arredra ante nada; si toca correr, es el más rápido, y esquiva como nadie las pelotas de goma de los antidisturbios. Alguna ventaja tenía que tener ser un perro callejero -por supuesto, sin ningún pedigrí-.
La prensa internacional, desde The Guardian a Il Corriere della Sera, de Newsweek a Libération, no sale de su asombro tras descubrir a este chucho pelirrojo en las imágenes de multitud de disturbios ocurridos en Atenas desde 2008.
Ídolo antisistema
Internet y sus redes sociales han elevado al can a la categoría de ídolo antisistema y Lukánikos ya tiene su propio blog y varios perfiles en facebook, con miles de fans. Algunos se preguntan si su 'militancia' no se deberá a algún efecto adictivo que los gases lacrimógenos puedan provocar en el mejor amigo del hombre, dado que desde su primera manifestación, hace casi dos años, no se ha perdido ninguna convocatoria con visos de terminar en batalla campal.
No dejan de aparecer fotografías del perro ladrando desaforado ante los escudos de la Policía helena y su imagen enfurecida entre la humareda de gases y cócteles molotov está alcanzando tintes épicos en el país. Tuvo su bautismo de fuego en 2008, durante los disturbios que desencadenaron la muerte del quinceañero Alexis Grigorópulos por un disparo de la Policía. Pero últimamente no da abasto, con tanta gresca como hay en el centro de Atenas. Aunque parece que responde al nombre de Lukánikos, algunos medios le apodan Kanellos, en homenaje a un congénere de ese nombre que solía merodear por el barrio de Exarjia (la zona de Atenas en la que las refriegas con los antidisturbios son el pan de cada día) y que se convirtió en la mascota fiel del movimiento antisistema.
Por lo visto, en Grecia la lucha perruna es más común de lo que parece. Hasta las leyendas helénicas encumbran a este animal como guardián del pueblo. Cuenta el mito que 50 perros tenían encomendada la misión de defender Corinto y cuando ésta fue atacada, sólo uno -Soter- sobrevivió, y pudo alertar a la población, salvando la ciudad.
Así que Lukánikos podría engrosar los anales de la mitología griega, siempre que demos por buena la teoría de que, efectivamente, el can que aparece en todas las imágenes es el mismo. Teniendo en cuenta que en Atenas abundan los perros callejeros -al punto de que el Ayuntamiento se encarga de vacunarlos, esterilizarlos y diferenciar a los machos de las hembras con collares azules y rojos-, podríamos encontrarnos ante distintos perros, todos pelirrojos y revolucionarios, con el mismo collar. Ver vídeo