domingo, 11 de octubre de 2009

VII FESTIVAL INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES



Imágenes de Hotel Splendid. Gentileza: FIBA

La primera semana de FIBA

Las compañías chilena, coreana y catalana, de lo mejor.

Por Pablo Gorlero

Bueno, el VII Festival Internacional de Buenos Aires ya lleva una semana de vida y le quedan siete días más. La nueva dirección apostó a la sorpresa y a la diversidad de géneros y estilos, algo que no está nada mal. Uno recuerda las visitas de las compañías de Peter Brook, del Berliner Ensamble o del Gorki, en tiempos de “vacas gordas”. Pero los grandes nombres tampoco son garantía eterna. He visto el último montaje de Peter Brook, en la Feria de San Sebastián, y deja mucho que desear. Y el Berliner también ha hecho puestas que harían levantar de su tumba al mismísimo Brecht. Por lo tanto, algunos recibimos gustosos las “sorpresas” que podría depararnos este nuevo FIBA, bastante más abierto y visible.
Hasta ahora, las compañías que venían desfilando dejaban, por lo general, un grato momento, pero no inolvidable. Mishelle di Sant’Oliva, de Emma Dante, que se representò en el Teatro de la Ribera, fue de lo mejor. Con unas actuaciones magníficas de Francesco Guida y Giorgio Di Bassi, en un texto intenso sobre el abandono y la homosexualidad. Pero también pudieron disfrutarse Crónica sentimental de España, en la que el catalán Xavier Albertí recuperó con humor y gracia aquellas viejas luces del cancionero popular español; y la desgarradora, aunque extensa y demasiado cruda Mujer asfalto, del grupo Mutumbela Gogo, de Mozambique.
Corresponde aclarar que no he visto una de las obras de las que todos hablan: Neva, de la compañía chilena de Guillermo Calderón. Pero todavía quedan dos obras de este grupo: Clase y Diciembre que, por lo que se comenta, tienen el mismo nivel exquisito.
Pero así como muchos espectáculos que pasaron por FIBAs anteriores dejaron huellas imborrables (como La resistible ascensión de Arturo Ui, del Berliner Ensamble; o Noche de reyes, de Declan Donellan; o Tío Vania, de Luk Perceval; o The Man Who, de Peter Brook; o Les Éphéméres, de Ariane Mnouchkine), el paso de la compañía surcoreana Cho-in Theatre por Buenos Aires será inolvidable.
Hotel Splendid es definitivamente la obra que no tienen que dejar de ver. Durante dos horas intensas, estos artesanos del teatro consiguen que la sala Casacuberta del San Martín entre en plena comunión con lo que sucede sobre el escenario. Eso es tan vivo, tan descarnado, tan visceral, que el espectador sale con ese tipo de conmoción que hace vibrar el cuerpo por un buen rato. La historia es cruda, el padecimiento de 200.000 jóvenes coreanas que fueron utilizadas como esclavas sexuales del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Aquí en la piel de cuatro personajes sensiblemente definidos, y encarnados en forma magistral.
En la ley del teatro físico oriental, pero ahora con palabras puestas por una dramaturga estadounidense de primera línea, estas actrices se muestran en carne viva sobre el escenario, del mismo modo que su partenaire masculino. Un relato dramático exacto, perfecto; así como un montaje escénico sublime. A su vez, el acompañamiento musical en vivo durante todo el espectáculo le brinda un aire cinematográfico que lo enaltece. Como espectador, uno queda embebido de la poética del texto y del penetrante hecho dramático, pero a eso se le suma el dolor y la indignación que provoca conocer aquel hecho histórico salvaje e inhumano.
Queda mucho teatro internacional y nacional del mejor como para embriagarse, a seguir.

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