domingo, 8 de marzo de 2009

Papelones, cachetazos y torpezas

Nota publicada el 15 de mayo de 1996, en el Nª 477 de la revista Humor

LA TEVE SIN MAQUILLAJE

Detrás de las cámaras, en los pasillos y en cada corte se suceden escenas más interesantes que los mismos programas. El lado oscuro de las estrellas.

Por Pablo Gorlero

“¿Pedazo de animal, qué hacés ahí?”, se escuchó gritar a Hugo Alejandro Moser desde el control del estudio 9 de Canal 9. ¿La razón de su grito? Mientras el corrupto Lucio Santini (Rodolfo Bebán) intentaba seducir a esa especie de Alexis Carrington que componía Stella Maris Lanzan en El precio del poder, irrumpió este cronista perdido en la jungla de decorados, en medio d ela escena, abriendo justamente la puerta que no correspondía.
Historias como estas se suceden a cada instante en los canales de televisión: no alcanza con ver PNP, CQC o las perlitas de Hola, Susana para enterarse de furcios, metidas de pata y aspectos ocultos de los personajes de la televisión.
¿Sabía usted que Andrea del Boca, cuando era rubia, no quería a ninguna actriz rubia y joven en su elenco? ¿Qué Alberto de Mednoza cada día cortaba un pelo de su aplique vaya a saber por qué? ¿Que la recordada venezolana Jeannette Rodríguez cuando besaba a sus galanes les dejaba moretones por obra y gracia de sus bigotes?

Cuentos asombrosos
Un 27 de agosto, hace dos años, Leo Vanés presentó en su programa de Crónica TV a cuatro ex luchadores de Titanes en el ring para homenajear a Martín Karadagián en el aniversario de su muerte. Al pie de la pantalla, mientras relataban anécdotas, el videograph decía algo así como: “Los titanes homenajean a Martín Karadagián”. “¿Cómo era Martín?”, preguntó un ingenuo Leo. Ulises el griego no contestaba, miraba a la cámara y se masajeaba las rodillas con las manos. Hasta que estalló: “¡Martín era una basura!”. Continuó definiendo muy a su manera al “campeón del mundo” y le siguieron sus compañeros en la misma tónica. Los dedos del operador de videograph se enredaron en el teclado para sacar la leyenda “homenaje” de la pantalla. Leo, atónito.

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Quien vivió situaciones bastante incómodas en cámaras fue Imanol Arias cuando concurrió al famoso programa de los almuerzos antes de estrenar Calígula. Los camarógrafos temblaban de risa cuando advirtieron que los saltitos que el gallego pegaba en su silla eran porque, así juran los maliciosos, una de las invitadas le acariciaba la entrepierna con sus pies.

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José de Zer hizo escuela. Fabricó la noticia como pocos y, consiguió discípulos y seguidores. En oportunidad en que Nuevediario competía con el noticiero de Canal 2 de igual target, envió a un cronista y a un camarógrafo a inmortalizar la imagen de los bomberos sacando un cadáver del Riachuelo. Cumplieron con su labor perfectamente, pero Canal 2 llegó unos minutos más tarde, cuando el cadáver se secaba bajo el sol. El cronista y su compañero pidieron a gritos: “¿Por favor, tírenlo de nuevo, si no nos echan!”. ¿Qué pasó? Imaginen…

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No le fue mejor al periodista de Nuevediario que bajó de su auto para hacer la crónica de un brutal accidente y vio que un policía corrió hacia él agarrándose la cabeza. Casi lo lleva en cana por haber pisado los sesos del muerto. El colega todavía está descompuesto.

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Los de “atrás de cámaras” de aquel informativo contaron que durante la transmisión de elecciones presidenciales y tras el tradicional despelote que provoca la conducción del Zar del 9, se registraron escenas como ésta: “¿Qué idioma hablan los gauchos?”, le preguntó un productor a otro con total seriedad.

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En otra ocasión se vio, mediante doble pantallita desde el “móvil de exteriores” a un cronista despidiéndose de Mabel Marchesini y Guillermo Andino. El muchacho creyó que había salido del aire y, ahogado por la impostación, se fabricó un gargajo casi tuberculoso que espetó en cámara. Los conductores pidieron el corte sin contener la tentación, mientras uno de los columnistas se escondía debajo de la mesa descompuesto de la risa.

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Las telenovelas no se quedan atrás. La capacidad dramática de Carolina Papaleo o de algunos personajitos de Montaña rusa se debe a las habilidades químicas de las gotitas de mentol que producen lágrimas. Gustadito Bermúdez, dicen los observadores, a la hora de llorar se embadurna los dedos con “Vic Vaporub” y se lleva las manos a la cara.

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El indio Catriel, en Más allá del horizonte, corría como loco del set al camarín. Aunque resulte triste saber la verdad, Osvaldito Laport tenía el cuerpo encastrado de mermelada, para resaltar los músculos y agregarle moretones y lastimaduras. Pero el pobre tenía que andar a las corridas porque si no se lo morfaban las moscas.

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El mundo de la tele no es una gran familia. ¡Pamplinas!, le diría Robin a Batman. Si no habría que preguntarle a Ricardo Darín por qué un día le pisó el vestido de novia a la pobre Grecia Colmenares arrancándole la cola de cuajo. ¿Habrá sido porque la barbie venezolana hizo esperar dos horas a todo el personal, incluido Darín, para arreglarse tranquila cual estrella?

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¡Si se acordarán en Sonotex cuando se divorciaron los promocionadísimos venezolanos Catherine Fulop y Fernando Carrillo! El muchacho estaba triste y salía de jolgorio por las noches. Un día se le quedó dormido en plena escena a su compañera Margarita Ros (la de Chiquilina mía). Venía de una larga noche de copas y auto bien chocado. “¡Ahora sí tengo un hombre en serio!”, dicen que le habría susurrado al oído Cathy, mientras grababan refiriéndose, parece, al Ova.

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¿Y cuándo hay escenas de cama?... Algunos hacen retirar a casi todos del estudio y dejan sólo al director y a un camarógrafo. Pero a otros no les calienta (valga la palabra) estar entre 20 mirones o frente a su propia abuelita. En Canal 9, todavía recuerdan cuando una pareja de telenovela, ¡y sin ropas!, se compenetró demasiado con la escena. Cabe aclarar que casi siempre tienen el torso desnudo, pero con pantalones o calzones, los más osados.
No hace mucho estaban haciendo una escena de cama Natalia Oreiro y Coraje Abalos para 90-60-90. “Se me ven las lolas”, exclamó esta niña que fue “paquita” de Xuxa. “¿El problema es que te las veamos nosotros o la gente?”, le preguntó el director desde el control. “Ponete el corpiño o tapate”, prosiguió. Acto seguido, para hacerse el gracioso, su partenaire le habría dicho haciéndose el cancherito: “Si te ponés el corpiño también ponete la bombachita”. Lo que el joven actor no sabía era que en el control se encontraba Pablo Echarri, el pelilargo novio de Natalia, que bajó furioso al estudio y lo boxeó.

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¿Y los que rompen cosas? Hace poco Carina Zampini, la mala de Mujercitas, estrelló un auto contra los portones del estudio en medio de una escena. Dijo que sabía manejar, pero no aclaró si sabía frenar.

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Las peores lenguas juran que Rodolfo Ranni, cuando hacía Zona de riesgo, tenía una bromita: expulsar aire por la boca después de besar actrices. Eructaba, ¿quedó claro?

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Los sonidistas de Canal 13, guardaron durante mucho tiempo el ruido de una cachetada. Cada vez que Federico Olivera (el hijo de García Satur en Son de Diez) entraba al estudio le ponían ese sonido para irritarlo. Es que un día, Mimí Ardú, la mamá de su novia en la comedia, le pegó un bife que superó la ficción y la velocidad del sonido. El director, chocho por el realismo. Pero la mejilla de Fede pidió hielo a gritos.

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Qué decir de aquel famoso capítulo del Che Guevara en Sin condena… Hizo reír a público y actores. Jorge Mayor practicó subirse a una balsa durante horas porque tenía que remar y le tenía pánico al agua. Los “soldados” del Che se caían al agua a la sorillas del barroso río Luján, remababan como bestias y no avanzaban porque el bote había quedado amarrado y nadie se dio cuenta. El actor que componía a Fidel Castro se parecía más al comisario de Hijitus: gritaba cosas como ¡Hija! o ¡Vamo’, carajo! En el piso del bote, Luis Luque se descomponía de la risa. Lo más gracioso es que algunas de estas cosas quedaron grabadas y salieron al aire.

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Y no se puede hablar de la cara oculta de la tele si no se habla de las excentricidades que hacen algunos antes de grabar. Dicen que Leonardo Sbaraglia hace yoga patas para arriba al mejor estilo Homero Adams para concentrarse, al igual que Betiana Blum; Carlos Mata aturdía a todos con su guitarra cuando había un descanso; Catherine Fulop se paseaba en Soller por los pasillos de Sonotex para llegar más rápido del camarín al estudio. Dejó de hacerlo cuando se tragó un decorado.

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