domingo, 20 de diciembre de 2009

De programas y acomodadores

La cortesía se ha perdido en algunos teatros. Siempre es grato ser recibido con amabilidad cuando uno asiste a un espectáculo. Eso ocurre siempre en salas como El Nacional, el Astral, el Lola Membrives y el Liceo, por ejemplo. Boleteros pacientes y acomodadores amables. Pero últimamente esa cortesía se ha perdido en algunas de las grandes salas, como es el caso del Avenida, el Gran Rex o el Opera. Los acomodadores no sólo parece que estuvieran reagrupando ganado, a espera del valor de la propina, sino que a menudo se niegan a entregar programas de mano, elemento esencial para el espectador. En cada uno de esos teatros mencionados, quien esto escribe recibió la misma respuesta: "Se entrega uno cada dos personas, no alcanzan para todos". ¿Desde cuándo? Cada persona del público tiene derecho a tener su programa de mano. Lo hacen las salas más chicas, es hora de que las más grandes también sigan el ejemplo. En cuanto a modales, las acomodadoras de La Trastienda se llevaron esa materia a marzo.

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